Al filo de las doce que iniciaba el día 21,
entrando por la puerta grande al solsticio de invierno,
las cuadrillas de obreros dicembrinos se fueron dando cita
trayendo consigo carretillos, cinceles, picos y palas,
instalando su mecánica maquinaria en los escarpados
acantilados de esta espalda ahora horizontal.
Desde los costados, subiendo por los hombros
y la columna del cuello, el sonido de los picapedreros
no se interrumpía con nada, ningún movimiento corporal
detenía el trepidante ejercicio laboral de los mineros
bombardeando con sus azadones la endeble postura de la piel de la Tierra,
las entrañas y la osamenta subcutánea ahora al descubierto.
Toda la madrugada trabajaron los instrumentos de demolición
bloqueando y mellando las aristas de los sueños.
Desde la cabeza cuasipensante bajaban las rocas rajadas
abalanzadas por las manos oscuras de la noche
cayendo estrepitosamente al pie de la celeste sábana,
horadados pétreos los cimientos cuyunturales
descendían rodando cuerpo abajo
encendiendo el ánimo dolorido del abismo insomne,
esa trama en donde la serenidad del ser queda atrapada
y se cae de bruces la continuidad del día siguiente.
Entonces, los bloques mentales del deseo,
las ganas supremas de la conciliación, claudicaron,
y al amanecer, con las estridentes alarmas de la vida,
este lecho era un montículo de piedra suelta junto al mar
y mi alma un manto de arena golpeada por las olas.
21/12/2009






Publicado por Cesar Lizano en 7 febrero 2010 at 12:32 am
En medio de un intenso dolor muscular, doblegado, y castigado por el frio de diciembre,
una vez más Pibe lo convierte en lindas palabras; palabras de inspiración para todos.
Para un hombre “sin pelos en la lengua”, no son suficientes mis deseos de bienestar,
recurro a la Biblia pidiendo que Dios nos siga dando fuerza y valor.
Jer 1:17 1:18 1:19
Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrantar delante de ellos.
Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra.
Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte.