
I
LA FAMILIA
(Australopithecus Afarensis A.C. – 1974)
“Lucy in the sky with diamonds”
THE BEATLES
Es un astro primitivo, sol más joven, el de esta mañana.
Demasiado puro conmueve de un color que no conozco el fruto
casi arcaico que aquí creció y que ella,
bajo un cielo de nubes igualmente mariposas,
recoge y pone en las manos casi humanas del pequeño
distraído, ignoto, que juega como un niño, balbuceando.
Veinteañera, varios años madre, se dispone, bípeda,
a emprender ese camino de vuelta que la acerque al hogar.
No está lejos, pero sabe que los montes mejor es
treparlos temprano y dar con el diurno oficio.
Todo es bello y quisiera quedarse, pasear, ver más.
Su poderosa dentadura refulge cuando ríe
al esplendor de un paisaje que alguna vez será
el Valle del Rift.
Camina feliz, olfateando la resina penetrante de los árboles
que a su derecha son inmensurables y atrayentes,
a cortos pasos tras el hijo cuyo robusto padre
de ella la imagen no disipa.
Por momentos un sinuoso dolor
la hace estremecerse y detenerse: proviene
de las muelas del juicio que, tales los retoños de la
blanca floresta a ras de las gruesas raíces,
reclaman salir y aportar su trozo de vida.
Junto a algunos de los suyos y otros vecinos,
al llegar a casa, repentina una especie de muerte
hizo cerrar sus ojos café oscuros, dejar el mismo viento
entrecruzarse por sus inertes largos brazos velludos,
acostar su reducida estatura,
no dejarla -ingrata, intrusa- a sus anchas
-a ella que tantas ganas tenía de reír-,
amanecer nuevamente bajo los pómulos de aquel sol
limpio y primitivo.
Hoy -no lo creerías-, tres millones ciento ochenta mil años
de días y más, Hummadu, Dato, Abdo e Idris
-armados con fusiles por si aparece un furtivo-,
escudriñan las gravas y escarban, con palos delgados,
alargados y rústicos, las arenas calcinantes y áridas
de las escarpadas lomas del desierto de Afar, en Hadar,
buscándote, sin conocerte.
Y te encontraron.
Bajo las profundas cenizas millonarias de Kada Hadar,
allí estabas. Incompleta, quieta, tranquila, tu osamenta,
asumida por la pretérita vulcanidad del tiempo ahora etíope.
Los paleontólogos ya conocen las dimensiones
de tu cráneo cuando miraste hacia la lejanía,
las de tus pies cuando subías a bajar el alimento,
las de tus manos adelantadas, maternales, entregándolo
pleno de rocío protoafricano. Hasta tu homínido peso.
Han acudido a la geocronología aplicando láser,
han desintegrado el potasio-40 de tus viejos huesos
para encontrarte una edad y un apellido,
tu rostro han reconstruido con escayola;
un esfuerzo para dar con lo pasado, con vos y los tuyos;
aunque -podés estar segura- tus cosas íntimas,
tu amor, tus sueños y desvelos, solo vos, Lucy, los sabrás
porque cómplice la arena caliente
y más aún la detectivesca científica frialdad,
jamás los retuvieron para nadie.
———————————————–
II
Cuando escribí el poema anterior, “La Familia”, de un libro de poesía inédito aún, “POEMAS DEL AMOR DESTERRADO” de 1999, corría la mitad de los años noventa: sí, Lucy había sido encontrada en Etiopía, en 1974, y pasó a ser, desde entonces, la mujer fósil más antigua del mundo. Pues bien, exactamente veinte años después que aquella fuese encontrada, en 1994, fue localizada una pariente suya, mucho más lejana en el tiempo, con un millón doscientos mil años más que ella; es decir, cuya edad hoy se calcula en 4.4 millones de años y que, por lo tanto, la aventaja en vejez y en antiguedad.
Parientes -digo- porque el sitio de sus hallazgos es casi el mismo: desde donde se encuentra la tribu Afar en Etiopía y Aramis hay solo 72 kilómetros. Y Ardi -que así fue nombrada- es una de sus ancestros, una de las tatatarabuelas de Lucy . En los museos de paleontología y de arqueología, su tataranieta podrá voltearse y reconocer, a la distancia, sus genes en la esquelética osamenta tendida de su milloanuaria antepasada.
La nueva mujer más vieja es la Ardipithecus ramidus ["ardi " y "ramid " proceden de la lengua lugareña y significan suelo y raíz, respectivamente; asimismo, "pithecus" significa mono y viene desde el griego] y las investigaciones sobre ella completan ya los 17 años de un grupo de más de cuarenta científicos de varias partes del mundo que han hurgado en todas sus pertenencias oseoíntimas. Y no solo de ella, sino que han sido investigadas miles de muestras fosilizadas de tierra, piedras, plantas y animales que conformaron su hábitat: todos por igual han sido pulcramente analizados en reconocidos laboratorios del universo científico, tratando de identificar cada molécula y no perder por nada la identidad de las amas de la vida.
De Ardi se dice que tenía el cerebro pequeño, cortas las piernas y largos los brazos y los dedos de sus manos para poder trepar con facilidad a los árboles. Estos paleoantropólogos saben que la mano de Ardi es más primitiva que la de un chimpancé de hoy, que su estatura era igual a la de Lucy [1.2 m.] y que pesaba 50 kilos. Bípeda se desplazaba por las praderas, quizás compartiendo con sus más cercanos parientes: los bononos y chimpancés, los gorilas y los orangutanes. “No es un chimpancé ni un ser humano. Es simplemente lo que nosotros solíamos ser”, dice -sin decir nada- Tim White de la Universidad de Berkely y codirector del proyecto.

Aramis, Etiopía, lugar en donde fue hallada Ardi.
Entonces, mi querida Lucy, mi amada transancestra, y vos, Ardi, mi nueva segunda amada, quiero advertirles que, esta vez, Discovery en español quiere que todos los homínidos sepamos de ustedes a través de un documental -un trabajo de años sin precedentes, con filmaciones en muchos de los sitios de las exploraciones e investigaciones- que desde hoy estará en el aire y que han llamado sin ambages “Ardi al descubierto”, develando en una duración ínfima de dos horas, mujeres del alma, todo lo que ellos suponen son sus recónditos secretos. Pero, como ustedes dos saben, mis amores, jamás ellos lo han de saber todo, jamás la frialdad del escalpelo inaugurará el corte por donde fluirá el rojísimo líquido vital.
Por ahora, Lucy querida, Ardi amada, traten de disfrutar las inquietantes cosquillitas de la curiosidad sigloveintiunesca en vuestros ya lejanos e irrespetados futuros.

Australopithecus afarensis















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