LA ESCUELA DEL PESIMISMO

Quiero dejar patente mi desesperación civil al constatar que carecemos de lo que le sobraba a Funes, el memorioso, el personaje fabuloso de Borges: ¡ memoria !

He visto, nuevamente, cómo las poleas de la tecnocracia del poder logran perpetuar, en varios países -incluido el nuestro-, continuidad en sus propósitos ya descaradamente transparentes, demoledoramente certeros, enseñando las manos llenas de ese poder enfermizo que se torna cuasiabsoluto.

He tomado, antes del aguacero de la una y media, “barrio La Cruz”. San José es un caos salpicado de algunos edificios vetustos y bellos, y de escalofriantes mamarrachos en donde duermen la piedra y los cartones de los pedreros.

El todavía alcalde legó sus adoquines en pasajes de peatones y parques y, perdidoso, ahora se propone prediputado por una provincia que ha dirigido sin ser oriundo de ella. La prolongada apertura bucal de la, tal vez, próxima predispuesta mandataria, lo ha recibido con los brazos muy abiertos: ahora, las cargas han de sondearse unas a otras, y los negocios asoman la testa de las conveniencias. Al lado, la casa de las minorías celebra su enésima fiesta.

Francamente, así es todo esto. A rajatabla.

El bus me ha dejado a 75 metros del Hospital San Juan de Dios, sede cultivo de la bacteria clostridium difficile, asesina de varios pacientes por desaseo; hotel cinco estrellas del virus de la influenza H1N1, el mejor microscópico agente vendedor de las empresas farmacológicas Roche y Relenza y la dudosa vacuna Tamiflú, distribuida por la también dudosa Organización Mundial de la Salud; tanto o más descaradas que los gobiernos.

Debido a estos visitantes “pandémicos”, la ministra de salud es asidua consultora de los medios de comunicación que no hacen más que avivar la llama de la insatisfacción salubre de las gentes, pero que no dicen nada de los millones de personas que, al año, mueren de hambre, de diarreas, por falta de agua potable o por la gripe corriente.

Para retirar las medicinas de mi padre, debo hacer la fila especial, pero la de la par, donde personas de todas las edades retiran las suyas, es larga y los rostros que la forman, largos, también, como sus dolencias. Es notable que sus eslabones son gente sencilla, común, trabajadora. Recuerdo, entonces, las dos teorías que en el mundo se pelean si el Estado debe ser benefactor de los ciudadanos en cuanto a salud o si, por el contrario, cada cual ha de ver por la suya como putas pueda.

Hospital San Juan de Dios

Hospital San Juan de Dios

Los hechos hablan de que las clínicas y hospitales privados crecen como alkaséltzeres fortalecidos por la ineficiencia de una Caja del Seguro Social que decrece entredicha por las citas a largo plazo y el mal trato a sus benefactores, en donde los especialistas son mañaneros fugaces y los equipos médicos están siempre en mal o deplorable estado.

De vuelta, el aguacero ya se mete por entre las hendijas de las roídas ventanas. Hago lo que nos cuesta tanto: memoria. ¡Claro! Un presidente que se reeligió sin pasar el artículo constitucional por la Asamblea que no legisla; elecciones de incertidumbre; un “pico de oro” cuyos discursos escuchan los canarios anonadados; Limón sigue hecho leña; la policía detiene policías corruptos; en Sardinal las aguas luchan por no pasar a manos privadas, a corporaciones hoteleras que no cumplen con el mínimo de peticiones para funcionar; las municipalidades se venden; del Ministerio del Ambiente debió renunciar el primo del presidente de la república por razones vergonzosas.

Nuestro amigo de infancia, Ennio Rodríguez, banquetea en un restaurant de lujo con Clara Zomer que cabezona no renuncia; Daniel Gallardo, un muchacho emprendedor se enreda en los mecates pecuniarios de la Comisión Nacional de Emergencias; por decreto, el presidente permite la minería a cielo abierto destruyendo cientos de hectáreas de bosque virgen, burlándose de su propia sentencia: “paz con la naturaleza”; la ministra de transportes es puesta en tela de juicio junto a su ambicioso novio. Fernando Zumbado, después de una noche de camping en Pavas, renuncia por dineros taiwaneses que nunca llegaron a su destino.

Por el TLC con USA, debemos pagar por oir música y por ver futbol, para empezar. Y, bueno, la escuela del pesimismo está construida por cientos de aulas oscuras en donde las enseñanzas del dinero fácil se apiñan y desde donde casi todos sus alumnos se escabullen.

Ahora, no van a ser ni Alberto Trejos ni la González los negociadores con China, sino un nuevo rostro, un tipo de mala hierba, el jovencito Fernando Ocampo: de sonrisa falsamente unilateral y empalagosa.

Por dicha, y para abrirle ventanas a la oscuridad, en el bus, que ya va por el Paseo de los estudiantes -ahora, Paseo de los chinos-, alguien le da el asiento a un anciano; pienso, incluso, en muchos nicaraguenses que han solucionado su problema de vida aquí, a pesar de las bravuconadas de su presidente de allá; el barco de Marviva detecta pescadores asesinos en La Isla del Coco; mis hermanas me han enviado mensajes emotivos; mis hijos siguen activos y estudiando.

Además, un segmento de la enzima MMP12 ha resultado ser un poderoso antimicrobiano, limpiador del cuerpo humano; tres personas, una griega, una española y una argelina, se han dado a la tarea de coleccionar semillas porque se percataron de que en su diversidad está la vacuna contra la hambruna mundial, propugnada por trasnacionales agroquímicas. Bueno, y Noam Chomsky, el político -no el gramatólogo-, este 12 de junio en New York, ha llamado la atención en cuanto que “hay que desmantelar el edificio de ilusiones” que se vende como democracia de libre mercado, dando algunas soluciones para solventar el “déficit democrático”.

Hemos ventilado un tantito las instalaciones cerradas y mohosas de esa escuela nefasta, puesto que el mundo que nos conforman los políticos parece más desesperanzador que ecuánime. Sin embargo, no puedo dejar de brindarles un abrazo, queridos hermanos y amigas, que este fin de semana el sol nos ilumine. Ah, y por supuesto, esperemos que la gente buena nunca deje de nacer.

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4 responses to this post.

  1. Posted by Humboldt on 19 junio 2009 at 12:20 pm

    De verdad que, al hacer memoria, uno recuerda como fue, tal vez igual de corrupto el ayer, pero no tan descarado como el hoy…por dicha la lluvia es igual, esa que nos trae los recuerdos, que ayuda a nuestros campos y que nos limpia un poco el pesimismo, ojala nunca deje de llover. Muy bueno Herr Walter!!

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  2. Posted by Pablo David on 20 junio 2009 at 1:56 am

    Bueno, yo no puedo hacer mucha memoria de como era antes porque apenas voy por los 20 años de edad y la verdad desde que tengo memoria no recuerdo que las cosas estén tan cambiadas…

    Pero que bueno todo eso que dijo, y la verdad sí, que lástima que ahora hasta por ver futbol y escuchar música (sea buena o mala) nos quieren cobrar.

    Y que increíble ver como esos cabrones crean bacterias y enfermedades para ellos mismos crear la vacuna y sacarle el provecho en dinero a la enfermedad, algo insólito!!!

    Pero en fin, lo bueno es que todavía quedamos personas buenas, concientes, que lo único que queremos es hacer el bien e intentar mejorar este mundo con lo mínimo que uno pueda hacer…
    Lastimosamente lo que más recursos o ”poder” tienen no lo usan para bien, pero así es la vida…

    Otro excelente artículo Pibe, como siempre… Su admirador, Pablo David.

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  3. Posted by Edgar on 20 junio 2009 at 11:14 pm

    Y faltaron cosas…..muchas.
    Primero, es importante que alguien nos dé una cachetada de vez en cuando, que nos advierta, que entre aliados nos despertemos y aprendamos a ver. El consejo de no olvidar con facilidad es bien recibido siempre. Gracias!
    No encuentro por dónde entrarle a esta maraña; hay mucha tela que cortar. Este es un país donde lo primero que le falta a los gobernantes es sentido de amor al prójimo, así de sencillo. Empezamos por ahí. No veo que ninguno (o casi ninguno) no esté propiamente documentado con cartones de fronteras lejanas y escuelas adineradas y con cuna de oro. No veo que ninguno sufra de necesidades extremas o que muera de hambre. Solo que ellos no ven que hay gente que sí sufre por las decisiones que toman sin pensar en lo general, para lo que fueron escogidos, sino pensando en ellos: en construir calles hasta la entrada de su lujosa quinta en Escazú o Santa Ana, o, para como bien lo dice Pibe, adornarnos con adoquines la suciedad citadina…
    Creo que Costa Rica ha tomado el papel de representatividad de los diputados y gobernantes de una manera equivocada. Se nos olvida que son empleados públicos, nuestros empleados.
    Confundimos la gordura con la hinchazón. El ser representado no quiere decir que ellos pueden hacer lo que quieran. Nos falta ejercer una fuerza inteligente, pacífica y sin payasos enmascarados de bien social que representen una amenaza real, no comprable y con dignidad, que no trabe sin sentido, sino que construya a través de algo más sensible que el simple poder político organizado.
    No pareciera brillar, hasta el momento, ningún movimiento fuerte que no esté en busca de algo más que organizar mejor, quitar o no puestos, reducir tal y tal gasto y enriquecerse con el pueblo….falta mucho amor entre nuestros gobernantes.
    Cuando entiendan lo que quiere decir amor, creo que sus cartones europeos y norteños perderán valor ante sus ojos.

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