EL MUNDO DE LA TIA TETI

Filia memoriae

I

Muchos de nosotros no llegaríamos al código cálido con el que la puerta de apertura enviábanos adentro del mundo de tus quereres y pensares.

Desde la génesis, la creación olvidó estúpidamente llevar colirio -ungüento balsámico- a las semillas de tus grandes y lindos ojos. Fue tan serio para vos, tan siempre lo tuviste al frente que nunca lo olvidaste: el espejo fue el amigo de lo repetitivo; enseñarnos cada vez no era bueno.

Allá en el campo, en plena infancia, cuando iniciábamos la ruta, de izquierda a derecha: Seidy, Yamileth y Walter al centro.

Allá en el campo, en plena infancia, cuando iniciábamos la ruta, de izquierda a derecha: Seidy, Yamileth y Walter, al centro. Al fondo, al centro, izquierda: Jeannette.

Y continuar, con el tesón y la inteligencia que solo los espíritus fuertes llevan en sus alforjas interiores. Por eso, hasta cierto tiempo y punto, no hubo nada que detuviera tu paso hacia adelante en tu transitar: desde la escuela España hasta el Colegio El Rosario; luego, el tiempo del shorthand en la academia, aprender a escribir a la velocidad de lo dicho, el speedwriting, el ejercicio de la voz, la toma del discurso al vuelo, tu oído militar que todo lo oía, receptor sónico que escuchó el sonido de la lejanía y, sobretodo, la lejanía de la cercanía.

O aquella noche de lluvia que, detenida por hados, viniendo del trabajo, de repente, no caíste en el fondo de una abierta alcantarilla cegada por el agua. Uno de tus milagros queridos. La noche silbaba que ya, que podías seguir, y los pies se te separaron del piso y te empujó de una nalgada la vida hacia tu casa. Pero el miedo se fue inculcando queditico en tu alma soberana.

De todos modos, la fortaleza contra la contrariedad siempre pudo más en tus agallas de taurina cerviz que la flaqueza propuesta por los obstáculos cotidianos. Y de allí crecieron árboles como solo Mami -Diosa de la Interioridad- supo enseñar: poderosos, temibles, para enfrentar cualquier mundo inestable, majadero, incómodo, no concurrente.

Sí fue afectado el hábitat en donde tu privacidad se acurrucaba sobre sí misma, queriéndose impenetrable. De pronto, se tendió más vulnerable.

Tanto tiempo, cada día, el trabajo duro, viajando en la inhospitalidad de lo contingente que nadie ve, y supiste que tener ojos no es ver y que quien ve se lo imagina y que tu mirada tierna era la capital ruda de la visión, la heredad de la percepción, que la ceguera atroz estaba en la vista general; que hacia donde todo mundo veía, observaba, miraba, no estaba tu corazón; que el tuyo había creado ojos sublimes más allá de toda visualidad.

Con la familia Barrientos. Seidy está en la primera fila, al centro.

Con la familia Barrientos. Seidy está en la primera fila, al centro. Estamos todos, solo Maureen está en la barriga de nuestra mama.

Tu interrelación de pareja dispareja: fuiste fiel; la fidelidad como una de las potestades de lo humano. Y por ahí se inició el derrumbe de tu cordillera, la columna vertebral de tus principios y le pusiste un nombre mientras tanto: amistad. En tu creencia, la fidelis confundida con la fe, sin esperanza.

El deshumano nunca vio, no palpó, no supo, no coordinó, solo olfateó su machismo. Al final, supiste que era pobre, paupérrimo. Enajenada y pusilánime alma que ha de terminar lejos de tu firme, pétrea, rocosa decisión. Porque tu fe se maquilló y enfrentó el escenario.

Otra vez, la mujer, tu orgullo sano y esa rectitud, casi no vista ya. Y enfrentar las labores de casa, vos,  frontispicio de la seguridad, donde nadie puede decir que hay equivocación, plasma genético de verdad, plataforma de esencia transparental. No podremos saber, sapientar su contenido líbido y vital. Sin tu querido hijo; sí con tus sobrinidades, tu vientre virgen, mi reina, madre de la pureza! Hubiese yo querido tu desperfección, cogido tu cuerpo por el amor del hombre de tus anhelos, flechado por el Cupido cupido en tu pecho apretado.

Con todo lo que compartí, no entendimos tu sencillo y dulce mensaje, complicado como soy. Pero, bueno, siempre estuve con vos, Teti. Y no puedo verte así. No comprendía que te amaba. Pero ahora lo sabido se encamina al para siempre.

Seidy al centro, en plena adolescencia, con la familia menor en paseo.

Seidy al centro, en plena adolescencia, con la familia menor en paseo.

Los almuerzos de cada día, las invenciones, tus travesuras de chef improvisada, tu resuelta desconfianza de la sal y del tono del azúcar, el punto de los macarrones, la satisfacción del padre, del hombre, lo que, viendo tu reloj dijiste: “Ah, mi tata, yo soy rebelde”. Meticulosa con la ropa, el aseo y las decisiones. Y después de alguna de nuestras discusiones, a veces, “Gracias por oírme”, me decías. Luego, cantabas y dormías.

Como lo que uno no espera, llega, tu rostro se acomodó en la almohada del tiempo y el espacio; sin casi darnos cuenta, tu delgadez se hizo parte de tu identidad. Hacía tres años habías tomado la determinación de una ausencia. Y empezaste la dieta del desgano; y supiste que era una dieta larga. Cariño era tu solo reclamo y, de feria, en el camino, “Tobi”, el “Troya”, el hermano que te apapachaba también con el oído, partiría.

Entonces, el vómito se encariñó con tu garganta: el sabor de ácidos primigenios, edénicos, te hicieron, por primera vez, sentirte pura, en el sentido de que pudiera haber una solución cuerda para tu partida, sin que alguien sospechara un algo. Esa, por fin, fue tu luz, tu estrategia. Un camino largo, sin indicios ni huellas, válido pero inconmovible.

Vi tu brazo izquierdo alzarse en la parte izquierda trasera del taxi, tu boca satisfecha, la mano despidiéndose, con la mayor de las tranquilidades, tu mirada el salvoconducto de lo eterno. Ibas hacia ese hospital nefasto, de donde ya no volverías. Tus ojos vivos me gritaron  “Pibe, voy jalando”. Y, la verdad, lo acepté, y ya no fui yo más yo.

Te perdimos de vista; nosotros, los visores. Ahora, la locura estaba esculpida, consumada: echarse a morir no sería tan mal visto.

Seidy, a la izquierda, reunidos -ya maduritos- en la casa de Edgar.

Seidy, a la izquierda; con los hermanos reunidos -ya maduritos- en la casa de Pablo Ortiz.

II

Tu cráneo está cálido. Estás como cuando querías inconciencia. Te toco el pelo, recorro tu cabeza. Sé que lo que te dije me lo oiste. Pero ya no hay tortura psicológica, ni casa, ni mundo, solo tu paciencia curvada sin peso descansando en el infinito, ni hombre estúpido, solo un lecho aderezado por el amor de las hermanas, por la distancia pequeñísima de una paterna irradiación permanente, por este homenaje, Teti, grande, amada por Todo que es la Nada que vuelve al Todo.

Corre, corre, Patotainquí, la casa de Troya tiene las puertas de las murallas abiertas y el 18 de enero ya llora por tocarte. Su vientre se ha hinchado: ya casi le naces en tu nuevo mundo.

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10 responses to this post.

  1. Posted by Humboldt on 9 octubre 2009 at 12:55 pm

    Siempre es difícil perder a alguien que se ama; también es difícil encontrar las palabras correctas para el amigo y familia en esta desazón, ya que el dolor es más fuerte para los cercanos que para los que observamos de más lejos, pero siempre se siente mal el saber que gente apreciada pasa por sufrimiento. Desde la distancia, mi duelo. No me gusta estorbar en el dolor, pero a la orden estoy!

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  2. Posted by afner03 on 9 octubre 2009 at 1:38 pm

    Una increíble síntesis de la vida con la Tía Zeidy…

    Lo sentí dentro de mí, impactante! Las imágenes son férreas, los hermanos, juntos!

    No me queda más que tener mi mente y corazón con la tía, imaginando que a mejor vida pasó.

    El recuerdo es un pedazo de presente almacenado en nuestra mente que podemos sacar cuando se nos antoje: eso es bueno porque así viviremos siempre con los que amamos.

    Papo

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  3. Posted by Pablo David on 9 octubre 2009 at 1:42 pm

    Diay tío, sin palabras. Muy bueno… No hay mucho que decir, ud lo dijo todo.
    Pura vida! !Que en paz descanse…!

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  4. Sinceramente, me llegó mucho… junto con tío coqui, en realidad, al final me impacta doble…

    Quedo en silencio, sin palabras, con recuerdos y me impresiona la forma en cómo describe cada detalle tan sublime, tan real, que los sentimientos brincan y estallan en llanto…

    La recordaremos siempre a Teti… es doloroso, se nos adelantó la tía, un miembro más de mi sangre, a todos nos toca.

    Llenémonos de paz, familia… esta es la vida.

    Sigamos adelante aprendiendo de teti y de coqui, y nunca olvidar a mami, que con su cabello blanco como el algodón siempre está presente en mi mente de niño, de un nieto Hernández Madriz!

    Andres

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  5. Posted by Cesar Lizano on 11 octubre 2009 at 12:22 pm

    Elegante recuento de una vida cuesta arriba, contra corriente, hasta rebelde !
    como Ud. lo recuerda y ella lo dijo.

    Palabras inspiradas en Walter por el mayor sentimiento, amor del alma.

    Mi sentido pésame a la familia Hernández Madríz y a sus ramificaciones.
    Gracias por la sombra de paz que su amor familiar nos brinda.

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  6. Posted by Lorena on 11 octubre 2009 at 1:04 pm

    Ayyyyyy Tío !! Excelente, estoy impactada y en negación… Mis lágrimas me confirman que algo es real, que está pasando, pero mi mente… mi mente y mi alma se niegan a la realidad. Solo voy a decir que yo estoy ausente muchas veces en la cotidianidad de mis tíos-tías y familia en general, pero por favor sepan todos que los AMO.

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  7. Posted by Marquito on 12 octubre 2009 at 8:49 am

    Tío Walter: Gracias por captar una vida y una despedida complicada.

    Queremos mucho a tía Zeidy.

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  8. Posted by David Portilla on 13 octubre 2009 at 8:32 am

    Mi más sentido pésame, a mis amigos, que Dios la tenga en su gloria.

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  9. No tengo palabras para expresar lo que siento, solo un nudo en la garganta y más lágrimas peleando por salir del ojo derecho que del izquierdo, no sé por qué, no debería ser así, pero no lo puedo evitarp; yo quisiera despertar de la pesadilla y pensar que esto no nos pasó; yo ya debería estar acostumbrada a estos golpes pero siempre me pegan duro, y es raro porque perfectamente sé que todos vamos detrás y que la vida después de la muerte es la verdadera y que nos vamos a encontrar de nuevo con nuestros seres queridos, pero es que realmente las despedidas siempre me golpean tanto así como me alegran los reencuentros con los seres queridos. Para mí la vida no es mas que una continua sucesión de encuentros y despedidas y creo que nunca me voy a acostumbrar a estas últimas aún estando en mi postrer momento. Muy bonita, Walter la forma en que enfocas la ausencia de Teti, pero ojalá con la misma claridad hubiéramos todos intuido lo que pasaba por su mente y hubiéramos contribuido a hacer un poco más feliz su existencia. Yo pude haber hecho mucho y en verdad todos, y no hablo del final en aquel hospital donde ella ya no estaba, sino de ese secreto auxilio que nos pedía cuando hablaba y no la tomábamos en serio; yo no puedo hacerme responsable por los otros, pero culpable soy yo que nunca hice nada. Desde donde te encuentres , perdóname Zeydita, por ser tan insensible.

    d

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