TEOLOGIA DE LA SOBERBIA

Sobre la soberbia

La soberbia hace que sus discípulos desplieguen un exceso en su magnificencia, demandando pompa o  suntuosidad. El soberbio, por lo tanto, fácilmente se identifica con la arrogancia o con la altivez. Su autosatisfacción enfermiza se regodea en menospreciar a los demás. Ocupa de las audiencias, incluso, ajenas, llamando adonde no debe llamar. Su supuesta eminencia le hace atracar muelles en donde reinen la insolencia y la petulancia;  sus ínfulas infundadas le arman de altanería y le señorean de vanidad.

Existe el verbo transitivo soberbiar, que casi nadie usa. Significa despreciar, rechazar algo por orgullo. Así, soberbia es la elación, la altivez o presunción del ánimo, un apetito desordenado por ser preferido. La palabra soberbia proviene del término latino superbia, donde “super” significa sobre, encima de; soberbio (soberbioso), entonces, sería la persona o ente (abstracto como en la ficción) que se propone o cree estar por encima de los demás, que cree que vale más de lo que realmente vale, despreciando las capacidades y humanidades de los otros.

En España, hubo un hombre que fue profesor y rector de la Universidad de Salamanca, toda una figura pública en ese país; pero, finalmente, su presencia en el mundo español no pudo sedimentar su pensamiento con la solidez que debió; de manera que, hoy, los estudiosos aseguran que Miguel de Unamuno representó a una persona que necesitó de la positiva evaluación de su pueblo, pero que nunca llegó a ser claro, sino, más bien, ambiguo en cuanto a su pensar. Escribió “Del sentimiento trágico de la vida”, libro que demuestra profundamente su anticlericalidad; sin embargo, se le reconoce casi como un clérigo civil, alguien que sermoneaba a través de sus escritos y deseaba que España pasara del catolicismo a una especie de protestantismo europeo, basado en el existencialismo de la filosofía de Soren Kierkegaard.

Unamuno

Don Miguel de Unamuno

Así, tenemos frente a nosotros a un hombre ambiguo y soberbio, quien requería del continuo reconocimiento de los demás, política y académicamente. En nuestro mundo cotidiano, nos encontramos gente como Unamuno, aunque posea una menor aceptación social o académica.

Los hombres que llegan a poseer cierto poder en el pensamiento de los pueblos, desde los tiempos más primitivos, son los que, por lo general, elaboran, a través de su historia y su soberbia, parte de su metafísica; es decir, el sistema de valores con que se rigen; inciden en su cultura, muchas veces en su literatura y siempre en sus leyes. No obstante, estas leyes se desvían hacia el bienestar de la clase política o regente e, incluso, la cultura popular es desvirtuada o manipulada a través de los medios que en esas comunidades campeen, hacia un derrotero determinado que convenga a los intereses creados, manteniéndolos a cualquier costa para que sus pedestales de dominadores no se vengan a los suelos. Frecuentemente, quien ejerce la filosofía de la soberbia es el político antipopular, ya sea con su doctrina, su mano dura o su ceguera; en consecuencia, la soberbia es, también, antidemocrática.

arte angel

De la misma manera, los dioses deben ser considerados como imaginarios sociales, construcciones sociales que son elevadas por encima de la realidad cotidiana y que son fundamentados como seres con propiedades y características, a menudo, especiales, supremas; valga decir, soberbias. La soberbia de los dioses, sin duda, procede de fuente antropomórfica. Creo, también, que la soberbia conduce a la rigidez, a la esclerosis del pensamiento, a la coagulación de la libertad, al establecimiento de la esclavitud, al sentimiento encadenado, al destierro de la tolerancia.

Al ser humano -por lo menos en esta parte de Occidente- proveniente de la colonización española que arrastrara consigo la preponderancia del clero y la iglesia medieval, le ha fascinado la idea de un dios todopoderoso, omnipotente y eterno. Esta visión de dios occidental, consecuencia de las prácticas humanas con su proyección a planos más elevados aunque sean ingratas, nos ha heredado una deidad que contiene esos adjetivos superlativos y que, con su premiación a los buenos, y su castigo terrible e infernal a los malos -dicotomizando la visión del mundo-, me parece a mí, llega a las culturas de los pueblos conquistados como un dios soberbio, altivo, pero “justo”. Dios mismo, si supiese de esta clasificación, estaría sumamente indispuesto de que los hombres lo hayan catalogado de esa manera, imponiéndole adjetivos que, quizás, no rimen con su “verdadera” esencia. La Inquisición –esa atrofia humana medieval y moderna- no fue más que una de las manifestaciones de la soberbia llevada al clímax del poder, del poder sin límites de una iglesia omnubilada por la falsa excelencia y la riqueza material, repetida hoy en sinnúmero de formas potenciadas.

aguila

Sencillamente, entonces, los conceptos de dios que se esgrimen en cualquier parte de la occidentalidad, no son más que especulaciones espurias de una realidad que se nos escapa de las manos; sobre todo, cuando se trata de racionalizar lo que no se ve, lo que no se presenta materialmente a los ojos humanos; es obra de la abstracción de los hombres, de su proyección de poder sobre los “rebaños”, la grey, sobre aquellos que se prestan –desde lo subliminal- para ser sutilmente domeñados, dominados, humillados y explotados.

Es tan fuerte la soberbia, que muchas personas recurren al manto de la humildad para ser reconocidas como buenas, aunque detrás de tal virtud, se halle agazapada la intolerancia y la mezquindad individual. Porque, de los siete pecados capitales, se dice que la soberbia va a la cabeza de todos ellos y –dice la teología oficial- que, debido a ella, el humano fue desterrado del jardín del edén. Precisamente, el dios de ese paraíso no soportó al hombre en cuanto éste quiso atentar contra su autoridad y superioridad, aunque solo fuese por el hecho de saber más [Prometeo irrespetuoso dando el fuego –la luz, el conocimiento- a los hombres]: se es soberbio cuando no se respeta el poder de alguien supremo o no se respetan las leyes [que han de haber sido hechas por “alguienes” ]. De modo que aquella entidad que ostenta soberbia no desea a su lado otros que lo hagan igual que ella: la soberbia no se lleva con la soberbia. La soberbia solo permite la unicidad. Comulga en solitariedad, aun cuando esté rodeado de otros que sí desprecia. Desde la cima donde habita, no ve -nunca aprecia- a los otros, los aplasta irremediablemente.

soberbia

De mi parte, prefiero, antes que un dios soberbio y castigador, uno que comulgue conmigo, que me escuche tal cual soy y que no me imponga ni ordenanzas exóticas ni la majestuosidad eterna de su imperio –cosa que, además, no creo que le interese en lo más mínimo-; que me haga ver y escuchar el sonido de un paisaje o disfrutar del cielo gris, o que me invada con la lenta -pero imperecedera- sabiduría calma e interna del ser, aquí y ahora, sin álgidas oraciones ni estridencias amplificadas. Basta la magia silente, tranquila y vívida del ser en comunión con lo suyo y con el poco edén que nos queda.

Anuncios

6 responses to this post.

  1. Posted by Vanessa Hernandez Garro on 30 octubre 2009 at 7:35 pm

    Estos temas no son muy tocados, muchas veces porque no queremos darnos cuenta que, posiblemente, tengamos algo de este gran defecto y, para no herir nuestro ego, preferimos evadirlos.
    Yo pienso que para tener soberbia está la autoestima sumamente dañada, no vivir en la verdad ni en la humildad que, para mí, sería no saber QUE ni QUIEN SOY YO.
    Al no saber esto, es más confortable estar en el exterior en vez de interiorizarnos y aprender a vernos a nosotros mismos.
    Cuando quiero sobresalir, ser la mejor persona, bajar a otros para yo sentirme bien, sin duda estoy mal internamente porque cuando se está bien consigo mismo no se le da espacio a que la soberbia aflore en nuestra mente ni en nuestras acciones.
    Personalmente, yo agrandaría los 7 pecados capitales: ¿porqué no agregar el egoísmo, resentimiento, impaciencia, intolerancia, engreimiento y pensamientos negativos?
    Al fin y al cabo, al practicar la soberbia no se puede decir que vivimos en el amor; en el amor practicaríamos cada día más las virtudes y no los defectos.
    Espero haber aportado algo con este comentario.
    Muchas gracias y gracias por su fina tolerancia.
    Vanessa Hernandez Garro

    Responder

  2. Posted by Edgar on 5 noviembre 2009 at 12:09 am

    Pibe, emotivo final. En el parráfo segundo se descubre una de las magias de la lengua: “Existe el verbo transitivo soberbiar, que casi nadie usa. Significa despreciar, rechazar algo por orgullo. Así, soberbia es la elación, la altivez o presunción del ánimo, un apetito desordenado por ser preferido.” Al releer este fragmento se me vienen a la mente muchas personas, muchas instituciones, muchos gobiernos, muchos dioses, muchos economicistas y uno que otro oportunista aspirante al poder en las divinas democracias latinoamericanas.
    De esta forma tenemos una sociedad de bombardeos masivos. El marketing como punta de lanza, las religiones patrocinadas por dioses, preferidos siempre por dar la salvación -casi como se vende un detergente-, por traer la perfección y lo abstracto. ¿Qué es ser perfecto? ¿Ser realmente agresivos con el prójimo que piense distinto? ¿Inquisiciones, matanzas, xenocidio e indiferencia? Sin querer aludir a nadie en especial -si a Hitler o a Bush les cae también el guante que se lo planten-.
    Basta echar un vistazo al panorama político que sufre el mundo: naciones contra naciones, unas despiadadas e individualistas, otras marginadas y explotadas. Dentro de estas grandes e importantes economías, sus pobladores compiten todo el tiempo, ¿para qué? ¿de qué corren? ¿adónde quieren llegar? Las multinacionales favoreciendo a pocos, los pobres son pobres. Construimos estadios millonarios y sacamos precaristas de lotes baldíos.
    Creo que todos somos y seremos víctimas de los famosos pecados capitales y de capitales tecnológicas y modernas; basta con no pensar tanto en lo negativo, sino aplicar el amor al prójimo, tratar de ser menos individualistas, ser más respetuosos y sinceros con el otro. Cuando creamos que hacemos algo incorrecto, no darnos con una piedra por el pecho, sino aprender, no arrepentirnos, sino crecer con los acontecimientos.
    Felicidades tío, buen artículo.
    Paz.

    Responder

  3. Me agrada sobremanera cuando me encuentro un comentario objetivo y, bueno, contundente como el presente. Significando, únicamente, el develamiento de un pensar muy personal. No se trata aquí de que ciertas personas se molesten o no por las opiniones expresadas. Sí, tratamos de buscar la verdad, por lo menos, en la que creemos. Y la tuya se acerca mucho a la mía. Gracias.

    Responder

  4. La verdad yo tampoco quiero un dios soberbio ni castigador y, por eso, debemos reflejar lo que algún ser supremo (si es que está ahí, para nosotros) debería ser, y quién sabe: si no es soberbio podría aprender de seres diminutos como nosotros, del mismo modo que nosotros debemos aprender de los animales y seres más pequeños e indefensos.
    La soberbia del hombre debe detenerse para que, así, el resto del universo vuelva a su curso correcto. Empezando por nuestras casas, en nuestra comunidad y, por ende, en nuestro mundo. Contaminación, violencia, orgullo y mala intención, esas son cosas que no caben en un mundo de paz y tranquilidad, en ese mundo que tanto anhelamos y no nos esforzamos por tener, sabiendo que eliminando una sola palabra de nuestro cerebro y cerebelo podría hacernos alcanzar la tierra prometida: esa palabra es SOBERBIA.

    Responder

  5. Posted by Eduardo on 20 noviembre 2009 at 2:43 pm

    Dice en Wikipedia:
    “El principal matiz que distingue al orgullo de la soberbia está en que el orgullo es disimulable, e incluso apreciado, cuando surge de causas nobles o virtudes, mientras que a la soberbia se la concreta con el deseo de ser preferido a otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, del Yo o ego. Por ejemplo, una persona Soberbia jamás se “rebajaría” a pedir perdón, o ayuda, etc.

    …es aquella persona que se envanece a sí misma, olvidando a sus semejantes y a Dios.”

    Proverbios 16:18 (Reina-Valera 1960)
    Antes del quebrantamiento es la soberbia, 

    Y antes de la caída la altivez de espíritu.

    Proverbios 16:22 (Reina-Valera 1960)
    
 Manantial de vida es el entendimiento al que lo posee;
    
 Mas la erudición de los necios es necedad.

    Se puede ser “anticlerical” pero no “ateo” porque aún el que así se considere debe reconocer que nada de lo que fue hecho fue hecho por él y cada día la ciencia demuestra más (a pesar de su escepticismo) que lo que existe fue creado con inteligencia, y una inteligencia tal, que la ciencia sólamente descubre lo que ya fue creado.

    Al margen de nuestra imaginación o necesidad de crear imágenes, íconos o arquetipos, etc., Dios existe, las pruebas de su existencia están en todo, el problema lo tenemos los hombres que tratamos de hacer a Dios a nuestra imagen y semejanza en vez de reconocerlo en todo lo que es y existe.

    Proverbios 3:6 (Reina-Valera 1960)
    Reconócelo en todos tus caminos,
    Y él enderezará tus veredas.

    Responder

  6. Qué tal, Eduardo. En realidad, sí, del orgullo a la soberbia hay poco trecho; si se quiere, pudieran ser fronterizos. Va a ser difícil ver al soberbio, quebrantarse, o al altivo de espíritu -que no podemos saber exactamente qué es-, caerse. El asunto en planteamiento es que los conceptos que manifiestan las deidades, en cualquiera cultura, se llenan de los argumentos que ella maneje por su idiosincracia, sus vivencias y su sistema de valores. Lo que sí he visto es que, por lo menos en el caso judaíco, ese Dios es tal la cultura que lo creó, patriarcal y guerrero. El viejo testamento está repleto de conquistas y de guerras y la historia, incluida la de hoy, habla de un pueblo agresivo, en diferendo a muerte con sus hermanos palestinos.

    Se puede ser anticlerical, claro, pero, incluso, se dice que los judíos son ateos -una de las clases de ateísmo-, en el sentido de que ninguno se percata de él, creen en su existencia, pero no lo llaman para nada; en eso, podríamos decir que son materialistas. Esperan el Mesías, todavía. Ahora, ciertos grupos han hecho una serie de mezclas como para cristianizar lo judío o judeizar lo cristiano; pero, aunque es posible, es muy teórico. Se es judío o se es cristiano; in situ, siempre fueron cosas distintas. Dios, a “nuestra imagen y semejanza”, sigue siendo una frase difícil de analizar, porque trata de antropomorfizar, nuevamente, una deidad. Personalmente, presiento un Hacedor sin adjetivos, el Camino, el Tao.

    Con respecto de la necedad, debo decir que puede haber eruditos necios; pero que, también, abunda la necedad en la ignorancia. Que un erudito puede llegar a ser sabio; igualmente, quien cultiva la humildad puede perfectamente lograrla. Lo que sí es raro es que un necio llegue a la sabiduría. Es posible, pero difícil, que alguien que ha sedimentado erudición se conforme con lo iterativo de la necedad. Personas cristianas, católicas, musulmanas o necias pueden ser etiquetadas como tales, respectivamente, sin serlo; sin embargo, cualquiera de ellas puede ostentar calidad de necia no importando su denominación. En el transcurso de la historia, muchos misioneros, sobre todo aquellos que trataron de “convertir” aborígenes a sus religiones, recurrieron indefectiblemente a la necedad y a la terquedad, incluyendo castigos y muerte, porque aquel que manifiesta su verdad como única, socialmente se postula como el mayor de los necios. La verdad no requiere de la necedad, sino de la calma y la paz. La tolerancia de pensamiento permite la diversidad de los pueblos.

    Si detrás de lo creado hay un creador, tal creador no pudiese, pienso, ser arrogante o soberbio, si dentro de su Universo ha hecho hasta los mínimos microorganismos; entonces, cómo desterraría a sus creaturas de un sitio especial, un edén; y porqué ese ser -el homo- fue escogido para ese lugar y no otro ser viviente (los dinosaurios fueron desterrados de este planeta por el impacto de un aerolito: una piedra soberbia). El mito edénico es bello, pero lleno de una moralidad que no permite el saber: querría acaso el creador seres insapientes, sumisos? No lo creo, porque finalmente con todo y que fueron desalojados, desahuciados de su local vegetal, un conocimiento nos informa -seamos o no cristianos-, un conocimiento -que quede claro que no es el aborigen, por ej., de los pueblos americanos- que nos ha conducido, por manos de políticos soberbios y dirigentes religiosos atrevidos, al desastre ecológico, al desastre planetario, al abuso y al consumo desorbitado, ensuciando -física y espiritualmente- precisamente ese edén del que los primeros padres fueron botados por curiosos.

    No, no creo en un dios soberbio, sino en uno cuyo sentimiento preferido sea el amor y no el odio. La soberbia conlleva al odio. Y el amor nunca comulgará con la soberbia. No puede haber un dios amoroso y soberbio a la vez, son incompatibles. Muchos pasajes de libros “sagrados” destilan odio, y lo hacen porque denotan y reflejan la actitud de los pueblos que les dieron vida literaria. Pueblos soberbios. De dios no necesitamos saber nada. Quien le adjetive o le dé una cualidad, creará una religión unilateral. Soy anticlerical, por lo tanto, dios ha de seguir siendo mi claro, puro y honesto misterio.

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: