POESIA EROTICA en JUAN RAMON JIMENEZ [autor de “PLATERO Y YO”]

Me llamó la atención aquella noticia del 2007, cuando el investigador José A. Expósito anunció la publicación de Libros de Amor, libro inédito de Juan Ramón Jiménez –ni pintor ni abogado-, Premio Nóbel de literatura 1956, cuyos postreros archivos de Madrid y Puerto Rico –país donde murió en el 58- le fueron esculcados y revisados por interpósita mano para depararnos este muy altivo poemario de amores, 95 años después de que su autor lo contuviera, recóndito, en una de sus gavetas. El poeta de Moguer, nacido en Huelva un 23 de diciembre de 1881, cuyos primeros libros se publicaran en Madrid a sus 18, en 1900, “Ninfeas” y “Almas de violeta“, mismo año de la muerte de su padre -Víctor Jiménez- y de la debacle familiar, razones que lo condujeron a la depresión psicológica, obsesionado por la idea de la muerte.

El poeta de Libros de Amor a los 19 años, 1900.

Internado en un sanatorio en Burdeos [Castel d’Andorte], fue luego trasladado al del Rosario en Madrid, lugar que abandonará en 1902 y en donde florecerán varias de las experiencias que habrían de fundar los poemas que habitan aquel libro (1911-1912) que, llevado por Juan Ramón a prensa en 1913, a la editorial Renacimiento, fuera por él mismo retirado por respeto –y miedo de perderla- a la que iba a ser su esposa y a la que recién había conocido, Zenobia Camprubí, reconocida traductora del escritor indio Rabindranath Tagore.

Zenobia Camprubí

La producción poética y en prosa de Juan Ramón Jiménez es sumamente extensa [una treintena de obras, incluida “Platero y yo” de 1917], hasta Animal de Fondo de 1949, y Leyenda, que corrigiera siempre hasta 1956. Sin embargo, sus lectores y seguidores jamás se imaginarían que, conociendo el yo poético de su Obra, de pronto, en ese 2007, prácticamente medio siglo después de su muerte, apareciera Libros de Amor con un Juan Ramón “…nada platónico ni ensimismado, con un erotismo y una sexualidad muy explícitos, y con un atrevimiento y una osadía hasta ahora desconocidas” , explicó Expósito.

Zenobia y el poeta en su juventud

Muchas personas no han podido distinguir la diferencia entre pornografía y erotismo. Hay que recordar que, en un principio, entre los antiguos griegos pornografía significó, etimológicamente, “descripción de una prostituta” y, por ende, todas las actividades a las que tal personaje se dedicaba. A partir de la década de 1970, el término se fue ampliando a todos aquellos documentos, imágenes o materiales con contenidos sexuales que servirían para provocar los instintos del receptor, hombre o mujer, excitándolo; de alguna manera, esos contenidos, por lo general, destilan obscenidad, y algunos llegan hasta la violencia. Lo pornográfico llegó a tener relevancia, primero, a través de revistas como Playboy; luego, por medio de la telefonía (hot line) y, últimamente, con internet (on line).

Al contrario, el erotismo [término proveniente del “eros”] es el amor apasionado conjugado con el deseo sensual y, aunque se distingue un tanto del amor romántico –ágape- podemos considerarlos sinónimos. De modo que, habiendo literatura pornográfica, ésta se diferencia rotundamente de la erótica. La poesía erótica trata del amor aun en los casos en que ella exponga sexualidad, porque, definitivamente, de ella nunca se está exento, sino solo para aquellos que caen en la gruesa mojigatería, más bien, enfermiza e insana.

.

Juan Ramón con su esposa, dos años antes de su muerte.

Con 25 poemas totalmente inéditos para la fecha, Libros de Amor contiene 93, logrados durante su retiro en Moguer a inicios de la década de 1910, a los treinta años de edad. Resulta que don Juan Ramón, en su juventud, a pesar de aquellas depresiones, fue un hombre muy enamoradizo; de ahí que El Nacional afirme que en Libros de Amor aparece “un poeta lujurioso y pasional (que) plasma las relaciones que tuvo con bastantes mujeres, unas muy desconocidas hasta ahora y otras más reconocidas en otros poemas.”

No solo sostuvo relaciones con mujeres solteras, también con casadas, como lo fue su amorío carnal con la esposa del doctor Lalanne, Jeanne-Marie Roussié: el médico le había llevado a su casa para curarle de la melancolía, donde, muy probablemente, Jeanne-Marie, diez años mayor que el deprimido, lo lograra en parte; igualmente, lo hizo con Louisa Grimm, descendiente de los famosos hermanos, de cuya mano fuese introducido en la poética inglesa; se relacionó, también, con algunas jóvenes de su localidad, tales Blanca Hernández Pinzón, Susana Almonte y Carmen Rasco. La otra francesa a la que le “escribió” fue a Francina: “Tu sexo negro, suave como un pulmón de pájaro”.

Y a pesar de lo que viene y que voy a compartirles aquí, no puedo estar de acuerdo con que el gran poeta Jiménez sea adjetivado de lujurioso, tal lo califica, también, Blanca Berasategui en El Mundo: sí pasional, y hasta blandiendo -como dice Expósito- “atrevimiento y osadía”; o tal se lee en el mismo texto de Blanca: sorprendente, erótico, sensual, humano, [ pero ] siempre lírico”. Eso sí.

Juan Ramón Jiménez en su juventud

Porque, quizás, en aquella rica juventud de los 19 años, él, como individuo, fue lujurioso, por su “uso ilícito o apetito desordenado de los deleites carnales”, se supone, porque, finalmente, solo él y ellas lo habrán sabido. Cualquiera puede estar desordenado de deleites carnales, aunque no nos queda muy claro cuál es la tabla de gradación ascendente o descendente que regula esa definición de lujuria y quiénes la han diseñado; pero, sí, según el canon religioso católico, hizo uso ilícito de su sexualidad porque en aquellos floridos años y mientras estuvo en el Sanatorio del Rosario, el poeta fue atrapado por la belleza de las novicias más jovencitas y de las que sabemos sus nombres: Pilar Ruberte, Filomena y Amalia Murillo. Después de todo, en Libros de Amor quedaron dulce y sexualmente atrapadas, derretidas entre los ardientes versos inmortales. ¿Acaso fueron aquellas monjas de la Orden de la Caridad de Santa Ana lujuriosas también o, realmente, estuvieron dispuestas y deseosas de amor como cualquier mortal?

Hermanas del Santo Rosario

El poeta nos cuenta el epílogo de esta historia:

“La hermana superiora con gran escándalo se enamoró de mí y venía constantemente a mis habitaciones (un dormitorio y una salita). Las hermanas jóvenes, que eran las que a mí me gustaban (y yo a ellas) nos burlábamos de la Madre cincuentona. Entonces, ella indignada expulsó a una hermana, Amalia, de 20 años como yo. Las otras eran la hermana Pilar, a quien yo le dediqué Arias tristes, la hermana Andrea y la hermana Filomena, a quien perseguía el doctor Roldán. Y después la madre me expulsó a mí, sin atreverse a aparecer en mi despedida a la que vinieron todas las […] menos ella y todas lloraban y yo también”.

Así le escribió a la hermana Pilar, en alejandrinos:

¡Hermana! Deshojábamos nuestros cuerpos ardientes
en una profusión sin fin y sin sentido…
era otoño y el sol -¿te acuerdas?- endulzaba
tristemente la estancia de un fulgor blanquecino…

Luego -los ojos grandes como carbones rojos-
te arreglabas la toca, el velo… y sin ruido
te ibas, como una sombra, a la capilla aquella
perdida entre opulentos rosales amarillos…

Venían días tristes en que te recogías…
mi amor se hacía más inmenso y más sombrío
y cuando tú surgías, más pálida que el agua,
encontrabas mi pecho como un pájaro el nido…

Tú creías que Dios te miraba… En las tardes
de huracán y tormenta temblorosa de frío
ibas, los ojos bajos, pegada a las paredes,
con el corazón asustado como un niño.

Por lo tanto, la poesía del gran Juan Ramón Jiménez en Libros de Amor, nunca podrá calificarse de lujuriosa y, mucho menos, de literatura pornográfica. Su poesía se postula aquí, con todo rigor, como literatura erótica. Y de la buena.

Evidentemente, algunas sores de la Orden en cuestión han querido que el libro se censure. Y, por supuesto, Libros de Amor causó y sigue causando revuelo puesto que se creyó que antes y después de su matrimonio, el delicado y detallista poeta había ejercido una “proverbial monogamia y amor eterno hacia Zenobia Camprubí”. Pero, bueno, deberíamos siempre perdonar nuestros pasados!

————————————————

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.”  El inicio de la famosa obra que todos los estudiantes aprendían de memoria.

Anuncios

4 responses to this post.

  1. Posted by Mario León on 3 diciembre 2009 at 9:59 pm

    Muy bueno, Pibe.
    Mario

    Responder

  2. Sin querer ser vulgar, después de esto, deberíamos analizar mejor “Platero y Yo”! JAJAJA!

    Muy bueno. Pa!

    Responder

  3. Posted by Humboldt on 4 diciembre 2009 at 9:17 am

    Excelente el poema. Siempre se esconde algo detrás de todo el acartonado mundo de los religiosos; su afán por no tocar un tema tan humano como el sexo, tratando de esconder algo inescondible, algo que va atado al ser humano. Qué envidia vivir rodeado de mujeres…que necesitan del placer, como todos!!

    Responder

  4. Posted by Pablo David on 7 diciembre 2009 at 4:38 pm

    Muy interesante está eso!
    Bien, Pibe.

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: