LA FUNCION SOCIAL DEL HUMORISMO

FROYLAN BOLAÑOS ROJAS,

In memoriam

De modo similar que el escritor y el artista, el bardo [entre los celtas:  músico y poeta], el aedo [aoidós: cantor], el trovador –nombres antiguos para el recitador o declamador popular-, el poeta, el manejador de profecías, el visionario y receptor de circunstancias, quien con su exquisito arte toma de la cruda realidad, con sumo cuidado, los quehaceres del ser, sus vicisitudes, sus pesares y alegrías, y los va trocando en tramos de belleza, en cuadros de realidad aderezada con distintos tonos de luz y de palabra, con colores insospechados, para informarnos desde la pradera del alma, para inducirnos a sentir en las vértebras un sentimiento que solo con las cuerdas del espíritu pueda interpretarse, para advertirnos, además, desde el corazón de la naturaleza, que el mundo pasa hoy por serios problemas de mantenimiento planetario, decir también que el humor, en ese sentido, el buenhumor, tiene su maravilloso y propio cometido social.

El término “humor”, creado por los latinos [humor-oris] puede entenderse como genio, jovialidad, agudeza. Psicológicamente, el humor vendría a ser “un estado afectivo que se mantiene por algún tiempo”: el humorismo es una manera de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, al final de lo cual el resultado obtenido es lo cómico, lo risueño o ridículo de las cosas, y puede, también, perfectamente, enseñar algo que no estaba a la vista, revelando una realidad escondida o simulada.

Fue Hipócrates, griego que nació en la isla de Cos en el 460 a.C., considerado fundador del paradigma médico, el propulsor de la Teoría de los cuatro humores: cuatro fluidos [sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema] que se hallan en el organismo humano y cuya mala mezcla o desequilibrio era causante de enfermedades; debían, para uno estar sano, encontrarse en proporciones iguales. Esos desequilibrios podían dar cuatro tipos de personalidades: sanguínea, flemática, colérica y melancólica. Pues bien, sin entrar en detalles, el humorismo se corresponde con el fluido sanguíneo y, desde este punto de vista, tiene un extenso abanico para manifestarse; de modo que hoy podemos distinguir varios tipos de humor: negro, blanco, inteligente, absurdo, hacker, gráfico, etc.

El humorismo puede representar un cuadro cualquiera de la realidad de múltiples formas. La forma por la que, personalmente, siento más propensión es la social, esa que en sus tuétanos lleva la crítica constructiva para informar a aquellos que en un sitio, lugar, comunidad, país o a nivel mundial, desean darse por enterados de algo de una manera, en este caso, jovial pero inteligente, con humor pero objetivo, con claridad y concretitud y, sobre todo, con sinceridad y profesionalismo.

Klatzmann define el humorismo, en “Humor judío”, como ‘Reír para no llorar’ y Nietzche decía, irónicamente, que el hombre, para no sufrir, había inventado la risa. Recordemos que Henri Bergson, quien escribiera “La risa”,  la considera como un gesto social por medio del cual la sociedad misma castiga toda rigidez (siempre sospechosa) del espíritu, del carácter e incluso del cuerpo. Siendo una catarsis, el humorismo se hace de la comicidad para fundar el entretenimiento comunicativo, de manera que “el humor se constituye en un acto de purificación que permitiría evacuar (la) violencia, nacida de la frustación y del sufrimiento.”

¿Qué sería de los pueblos si no tuviésemos el humor, la comicidad, la pantomima, la caricatura, las imitaciones (especialidad de Froylán con una veintena), los refranes, todos esos medios actuados o de palabra, que nos permiten manifestarnos y desenvainar nuestras energías reprimidas de cualquiera índole que sean?

De hecho, de no ser por esa inmensa válvula de escape que es el humorismo, los pueblos terminarían agrediéndose o inflingiendo a alguno de sus componentes sociales alguna perturbación o daño.

Desde la Antiguedad han sobresalido miles de comediantes [Aristófanes en la época clásica griega, Chaplin, el Gordo y el Flaco, Les Luthiers, Chespirito, etc.] unos mejores que otros, pero todos con esa función desinhibidora de hacer que las poblaciones se liberen, se aligeren y les asista la liviandad frente al peso de las responsabilidades cotidianas, sobre todo en aquellos lugares en donde los gobernantes no hayan logrado una labor a favor de sus conciudadanos y las condiciones de vivienda y de manutención de las familias se hayan hecho difíciles, tornándose en una forma sutil de terror. Sí, de terror, porque –como alguna vez decía un campesino nuestro-, también, existe el terrorismo económico: el hecho de que los precios de la canasta básica suban y trepen cada día más, sin ningún control gubernamental, es una forma de terror vernáculo. El humorismo salva a los pueblos con la balsa de la jocosidad, con sus “serruchapisos”, con sus espejos de burla, a través de figuras literarias como la sátira y la punzante ironía, el sarcasmo, la hipérbole o exageración, la antítesis, la paradoja, y los juegos de palabras, entre muchas otras.

Como dice Paul Reboux, la risa, la hilaridad, se desata cuando se trata simplemente “a la ligera las cosas graves, y gravemente las cosas ligeras”.

Para llevar a buen término un humorismo de altura, con fineza y argumentos, es necesario y fundamental, “chispa” –decimos los ticos-, sinónimo de inteligencia, mucho talento, acceso a la información y trabajo. Pues bien, esas características le sobraban al humorista costarricense Froylán Bolaños Rojas.

A Froylán lo conocí a mediados de los años ochentas, en un local frente al parque central de Grecia, a su costado oeste, donde su hermano Nelson tuviera un restaurant que, unos años después, un incendio redujera a cenizas. Allí, antes de tal suceso, “charlataneábamos” de lo lindo. Nelson siempre desplegando muy buen sentido del humor igual que su hermano, quien, en aquel momento, se desempeñara como lo que era, ingeniero civil, dedicado a la construcción de casas de habitación.

Yo había llegado algunos años antes al cantón alajuelense y había adquirido un local comercial en el propio Mercado Municipal. Desde allí llevamos a cabo grandes batallas municipales y del comercio. Mi relación con Nelson Bolaños desde el inicio siempre fue cordial y fructífera en amistad. Y frente a cualquier hecho de la vida, la tónica era tomarlo con calma, con serenidad.

Con el tiempo, regresé a San José y Froylán, también, empezó a hacer vida dentro de la farándula, hasta que en algún momento incursionó en el famoso y sonado programa “La Patada” del desaparecido –asesinado- Parmenio Medina, hombre valiente que había entendido, antes que nadie en este país, la necesidad de que el humor tuviera en sus contenidos esa crítica social que intentara dilucidar problemas, develar secretos y desenmascarar subterbugios de políticos y gente pública. Tanto fue así que su final fue trágico, muriendo con las ‘botas puestas’.

Tras tal escuela, Froylán reanudó labores junto a Norval Calvo y su trayectoria entonces por el mundo del humorismo llegó a consolidarse de forma contundente. Lo útimo, el programa radial: Pelando el ojo”.

Norval Calvo y Froylán en "Pelando el ojo"

Su éxito contó siempre con su genio artístico y su carisma a la par de una gran humildad. Como buen tico y griego –poseedores de una especial idiosincracia-, Froylán hizo algo que casi nadie se propone: abandonar la ingeniería, su carrera universitaria, y matricularse con lo que más quiso: el humor. Mandó todo “pa’l carajo” y se fijó la meta de la superación en ese campo, aunque sí laborara, paralelamente, para una empresa de consultorías de aduanas . Encontró esa deliciosa libertad de saborear lo que uno quiere hacer y, desde esa misma plataforma, ejercer su oficio social, su contribución a la comunidad. Como dice mi hijo mayor griego: “El genio de Froylán podía pasar del negro al rojo y del rojo al neutro en segundos.” Porque el humor griego se hace sutilmente, como quien no quiere la cosa, pero sí con legal y discreta alevosía y puntería de arquero.

El humor por el simple humor no vale la pena, así como el arte por el arte ya no tiene trascendencia. El humorismo es una escuela de la que no cualquiera se gradúa: sus diferentes aristas y tangencias no son geometría para el dominio de todos los mortales.

¡Froylán, haznos reir y meditar aún en estas las terrestres butacas!

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2 responses to this post.

  1. Bueno, personalmente, siempre estuve y estaré orgulloso de que Froylán fuese hijo de las tierras de Grecia. La labor realizada por él en la sociedad costarricense fue grande, haciendo de nuestros momentos tristes, felices, y ayudándonos a descubrir ese lado positivo que tienen todas las cosas, además de abrirnos los ojos hacia esos problemas políticos sociales de nuestra Costa Rica. Estará siempre en nuestros corazones.

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  2. Grande Froylán y grande Grecia! Que la risa siga caracterizándonos como ticos y griegos en especial.

    Un maestro partió, pero -fijo- está ya haciendo imitaciones de lo que haya en el más allá! jaja

    Pa, un excelente post: in memoriam!

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