2010: EL CUERPO NERVIOSO UNIVERSAL

No debemos creer que todo lo que ha de venir a engrosar este futuro es nefasto o peligroso; claramente no me refiero a la política electoral concretamente vergonzosa, casi siempre en retorno. Sí compartiremos esta esfera terráquea cautelosos porque el camino que, como civilización –en los últimos ochenta años-, hubimos trazado, se ha tornado escabroso: no estamos al frente del laberinto del Minotauro, del chúcaro Toro de Minos, mítico, no; estamos al frente de uno cuyos elaboradores han escogido el peor de los diseños, en el que ni siquiera el deseo claro de amanecer este año sintiéndonos parados, objetivamente en un mundo mejor, es visible.

Si, tal como el ser humano ha calculado, la explosión que hiciera posible la creación del Universo se estima en 15 billones de años –por lo menos en éste, uno de los mundos posibles- tenemos rato ya de convivir, de viajar fotoveloces con cada uno de los componentes que inauguraron este periplo: helios, nitros y etcéteras. Hemos sido, sin duda, seres de luz y terminaremos, en algún momento, siéndolo, nuevamente. Esa travesía, claro está, no será igual para cada uno: sus obstáculos y prolongación difererirá para cada quien, según sea piedra, vegetal, animal u homo sapiens, materialista grosero, persona de tejido sensible, maya desterrado o bribri de la montaña.

Si las personas tuviéramos tan solo una simple idea de lo que hemos transcurrido, un ápice de esa certeza, del costo inconmesurable que este proyecto de la vida ha tenido, porqué sustancias hemos atravesado y de qué increíbles composiciones químico-biológicas hemos participado, entonces, cada uno de nosotros, quizás, realmente, valoraría el significado de la vida, su trascendencia.

Pero, según parece, tenemos todavía, ya entrado el S. XXI, cuando se supone que la conciencia alcanzada por los seres humanos es más que superlativa, una visión muy rudimentaria del significado del estar, del concepto del vivir, y los grupos humanos nos hemos especializado en socavar, más bien, las fuentes que hacen posible los signos vitales. Son muchísimas menos las personas que están luchando continuamente por el sostenimiento de la vida que aquellas que siquiera intentan algo.

Incluso, se podría pensar que aunque los tiempos pasados fueron más “atrasados” porque la tecnología puso a nuestra disposición más elementos para enfrentar el mundo, nunca como hoy se aprecia con tanta claridad que el “progreso” constituyó una de las falacias más aparatosas del siglo veinte. El concepto progreso está cargado tal un tonel de rayería y no fue más que un instrumento más de dominación: ¿quién imaginaría que los creadores de este nuevo mundo, francamente fantasioso, nos tendrían hincados e inmersos en el escenario del desastre terrestre?

Las corrientes espirituales llevaron demasiado lejos el valor de la moneda, el dinero se entronizó como el dominador anónimo cortando cuantas cabezas se opusieran a su paso, sin distinguir tal o cual facción humana y la moda pasó a ser uno de los paradigmas protocolarios de la existencia de las “grandes” personalidades, “gente famosa” a cambio de la promoción del dolor y la pena de los individuos concientes pero exentos de cuotas de poder.

Haití, 2010.

Los desastres que azotan al globo son tantos y en tan diversos lugares, que uno puede imaginarse el cuerpo de ese gran organismo como un megasistema nervioso expuesto, adolorido. Pienso el planeta como el Tetragramatón [cuatro letras] que contemporáneamente se correspondería, más que con la palabra aramea o hebrea “yhvh”, IEVE, con el término “homo”-inis” [hombre] por constituirse ese hábitat en su hogar, en la morada del ser humano.

Es decir, la funcionalidad inmediata del planeta es casa, no creación. La creación como causalidad ya no tiene sentido en el tiempo; fue, es pasado. Las religiones siguen dándole preponderancia a la creación como ícono primordial; pero son sus consecuencias las que nos atañen vivencialmente. Las religiones viven y se alimentan de un discurso repetitivo y cansucho, no de la distinta y creativa realidad. En otras palabras, Adán y Eva están muy lejos del ser humano de hoy, son extemporáneos; su mito de la causa de la pérdida del bienestar está basado en el temor y la malicia, regodeo para los idealistas fundamentalistas. El poco edén que nos sobrevive, gracias al cuidado bioético de los ancestros tropicales, aún permanece inseguro en la garras humanas de los depredadores con poderío político-económico, enseñoriados con el bien pecuniario e intranscendente.

El terremoto de Haití, por ejemplo, es más trascendental hoy que la expulsión del Paraíso. El dolor metafísico del Paraíso y sus habitantes es inocuo a la par de los 200.000 haitianos que sentimos gritar, llorar y morir con nuestros sentidos contemporáneos. Quienes amanecen cada día leyendo el Génesis y sus sucesos, quedándose en su texto, no podrán curar una herida en el sitio del desastre, no tendrán como Teresa de Calcuta el talento humilde de la santidad para tocar al apestoso y darle vida con su amoroso trato. Seguirán clamando al texto pretérito como una reliquia histórica para sus soluciones, mientras la vida misma se halla allí, a la par, no percibiéndola.

El ser humano reporta un proceder a través de su historia que ha compilado la concatenación de sucesos y hechos diversos, agradables y desagradables, que han conformado una bitácora: una nómina interminable de actos que han transformado el mundo en lo que hoy es. Su transformación, a todas luces, no es saludable. El planeta como ser vivo está letalmente amenazado y nuestra choza levantada en sus terrenos puede pasar a ser pasto de las llamas por negligencia y descuido, por desconocimiento de las semillas y su magia.

La Tierra, entendida a nivel macro como la Geosfera, misma que abrazó la antropogénesis a través de un proceso tan complejo como misterioso, y de cuyas manifestaciones nosotros los humanos si acaso respondemos a algunas de sus curiosidades con historias, leyendas y mitos, semeja un portentoso cerebro que se abre al espacio sideral, extendiendo sus haces de energía vívida conformando un ámbito en donde se gestan y se reinventan las mónadas de la vida, tal y como lo veía Leibniz, pero constituyendo así ese universo que Chardin llamó Noosfera, capullo, hervidero de pensamiento, o como antiguamente Giordano Bruno entendió la esfera terrena, como el magno ser vivo, ideas por las cuales fue quemado en el Campo di Fiori, sobre la hoguera de leña verde el 17 de febrero del año 1600 después de ser acosado durante 8 años sin querer retractarse de sus ideas preclaras.

Estatua de Giordano Bruno en el Campo de Fiori

410 años después, hoy, no estamos quemando en la hoguera a un ser semejante a Giordano, pero estamos colocando poco a poco la leña verde debajo del espacio y el tiempo, irresponsables del holocausto que está por venir, repitiendo en un acto distinto una misma actitud.

Cuando la Noosfera arda, arderá con ella el edén, el significado del bosque, la lagartija de la curiosidad, la ardilla de la inquietud, la raíz de los significados, la semántica de la humanidad, el rinoceronte de la fuerza, las hojas de las mil y una noches, los trigramas del I Ching, las sentencias cuatrielementales del Tao Te King, los escaques de este ajedrez.

Mi deseo corazonal es que pululen en la hoguera de la vida, las voces y palabras siempreactivas, los creativos dedos del amor inclaudicable cuyos movimientos indoloros hagan revolcarse de tiernos cosquilleos el por ahora temeroso cuerpo universal.

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2 responses to this post.

  1. Posted by Mario León on 19 enero 2010 at 11:31 am

    Pibe,
    excelente comentario y muy apropiado por las circunstancias actuales.
    Espero que la especie sobreviva y estoy convencido respecto de las enseñanzas del dolor, consecuencia de nuestros errores. Epoca apocalíptica que vendrá acompañada de cataclismos telúricos y sociales, ¿quiénes sobrevivirán? No sé, pero estoy convecido de que las posiblidades están a favor de aquellas naciones que hagan algo por su sobrevivencia.
    Abajo los verdicidas de nuestra democracia y depredadores de nuestra Madre Tierra.
    Por aparte, sigo optimista y, aunque no me gusta mucho, votaré por Otón.
    Un abrazo,

    Mario.

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  2. Papi! Quiero que se recupere para que siga escribiendo!!!

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