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2010: EL CUERPO NERVIOSO UNIVERSAL

No debemos creer que todo lo que ha de venir a engrosar este futuro es nefasto o peligroso; claramente no me refiero a la política electoral concretamente vergonzosa, casi siempre en retorno. Sí compartiremos esta esfera terráquea cautelosos porque el camino que, como civilización –en los últimos ochenta años-, hubimos trazado, se ha tornado escabroso: no estamos al frente del laberinto del Minotauro, del chúcaro Toro de Minos, mítico, no; estamos al frente de uno cuyos elaboradores han escogido el peor de los diseños, en el que ni siquiera el deseo claro de amanecer este año sintiéndonos parados, objetivamente en un mundo mejor, es visible.

Si, tal como el ser humano ha calculado, la explosión que hiciera posible la creación del Universo se estima en 15 billones de años –por lo menos en éste, uno de los mundos posibles- tenemos rato ya de convivir, de viajar fotoveloces con cada uno de los componentes que inauguraron este periplo: helios, nitros y etcéteras. Hemos sido, sin duda, seres de luz y terminaremos, en algún momento, siéndolo, nuevamente. Esa travesía, claro está, no será igual para cada uno: sus obstáculos y prolongación difererirá para cada quien, según sea piedra, vegetal, animal u homo sapiens, materialista grosero, persona de tejido sensible, maya desterrado o bribri de la montaña.

Si las personas tuviéramos tan solo una simple idea de lo que hemos transcurrido, un ápice de esa certeza, del costo inconmesurable que este proyecto de la vida ha tenido, porqué sustancias hemos atravesado y de qué increíbles composiciones químico-biológicas hemos participado, entonces, cada uno de nosotros, quizás, realmente, valoraría el significado de la vida, su trascendencia.

Pero, según parece, tenemos todavía, ya entrado el S. XXI, cuando se supone que la conciencia alcanzada por los seres humanos es más que superlativa, una visión muy rudimentaria del significado del estar, del concepto del vivir, y los grupos humanos nos hemos especializado en socavar, más bien, las fuentes que hacen posible los signos vitales. Son muchísimas menos las personas que están luchando continuamente por el sostenimiento de la vida que aquellas que siquiera intentan algo.

Incluso, se podría pensar que aunque los tiempos pasados fueron más “atrasados” porque la tecnología puso a nuestra disposición más elementos para enfrentar el mundo, nunca como hoy se aprecia con tanta claridad que el “progreso” constituyó una de las falacias más aparatosas del siglo veinte. El concepto progreso está cargado tal un tonel de rayería y no fue más que un instrumento más de dominación: ¿quién imaginaría que los creadores de este nuevo mundo, francamente fantasioso, nos tendrían hincados e inmersos en el escenario del desastre terrestre?

Las corrientes espirituales llevaron demasiado lejos el valor de la moneda, el dinero se entronizó como el dominador anónimo cortando cuantas cabezas se opusieran a su paso, sin distinguir tal o cual facción humana y la moda pasó a ser uno de los paradigmas protocolarios de la existencia de las “grandes” personalidades, “gente famosa” a cambio de la promoción del dolor y la pena de los individuos concientes pero exentos de cuotas de poder.

Haití, 2010.

Los desastres que azotan al globo son tantos y en tan diversos lugares, que uno puede imaginarse el cuerpo de ese gran organismo como un megasistema nervioso expuesto, adolorido. Pienso el planeta como el Tetragramatón [cuatro letras] que contemporáneamente se correspondería, más que con la palabra aramea o hebrea “yhvh”, IEVE, con el término “homo”-inis” [hombre] por constituirse ese hábitat en su hogar, en la morada del ser humano.

Es decir, la funcionalidad inmediata del planeta es casa, no creación. La creación como causalidad ya no tiene sentido en el tiempo; fue, es pasado. Las religiones siguen dándole preponderancia a la creación como ícono primordial; pero son sus consecuencias las que nos atañen vivencialmente. Las religiones viven y se alimentan de un discurso repetitivo y cansucho, no de la distinta y creativa realidad. En otras palabras, Adán y Eva están muy lejos del ser humano de hoy, son extemporáneos; su mito de la causa de la pérdida del bienestar está basado en el temor y la malicia, regodeo para los idealistas fundamentalistas. El poco edén que nos sobrevive, gracias al cuidado bioético de los ancestros tropicales, aún permanece inseguro en la garras humanas de los depredadores con poderío político-económico, enseñoriados con el bien pecuniario e intranscendente.

El terremoto de Haití, por ejemplo, es más trascendental hoy que la expulsión del Paraíso. El dolor metafísico del Paraíso y sus habitantes es inocuo a la par de los 200.000 haitianos que sentimos gritar, llorar y morir con nuestros sentidos contemporáneos. Quienes amanecen cada día leyendo el Génesis y sus sucesos, quedándose en su texto, no podrán curar una herida en el sitio del desastre, no tendrán como Teresa de Calcuta el talento humilde de la santidad para tocar al apestoso y darle vida con su amoroso trato. Seguirán clamando al texto pretérito como una reliquia histórica para sus soluciones, mientras la vida misma se halla allí, a la par, no percibiéndola.

El ser humano reporta un proceder a través de su historia que ha compilado la concatenación de sucesos y hechos diversos, agradables y desagradables, que han conformado una bitácora: una nómina interminable de actos que han transformado el mundo en lo que hoy es. Su transformación, a todas luces, no es saludable. El planeta como ser vivo está letalmente amenazado y nuestra choza levantada en sus terrenos puede pasar a ser pasto de las llamas por negligencia y descuido, por desconocimiento de las semillas y su magia.

La Tierra, entendida a nivel macro como la Geosfera, misma que abrazó la antropogénesis a través de un proceso tan complejo como misterioso, y de cuyas manifestaciones nosotros los humanos si acaso respondemos a algunas de sus curiosidades con historias, leyendas y mitos, semeja un portentoso cerebro que se abre al espacio sideral, extendiendo sus haces de energía vívida conformando un ámbito en donde se gestan y se reinventan las mónadas de la vida, tal y como lo veía Leibniz, pero constituyendo así ese universo que Chardin llamó Noosfera, capullo, hervidero de pensamiento, o como antiguamente Giordano Bruno entendió la esfera terrena, como el magno ser vivo, ideas por las cuales fue quemado en el Campo di Fiori, sobre la hoguera de leña verde el 17 de febrero del año 1600 después de ser acosado durante 8 años sin querer retractarse de sus ideas preclaras.

Estatua de Giordano Bruno en el Campo de Fiori

410 años después, hoy, no estamos quemando en la hoguera a un ser semejante a Giordano, pero estamos colocando poco a poco la leña verde debajo del espacio y el tiempo, irresponsables del holocausto que está por venir, repitiendo en un acto distinto una misma actitud.

Cuando la Noosfera arda, arderá con ella el edén, el significado del bosque, la lagartija de la curiosidad, la ardilla de la inquietud, la raíz de los significados, la semántica de la humanidad, el rinoceronte de la fuerza, las hojas de las mil y una noches, los trigramas del I Ching, las sentencias cuatrielementales del Tao Te King, los escaques de este ajedrez.

Mi deseo corazonal es que pululen en la hoguera de la vida, las voces y palabras siempreactivas, los creativos dedos del amor inclaudicable cuyos movimientos indoloros hagan revolcarse de tiernos cosquilleos el por ahora temeroso cuerpo universal.

LA FUNCION SOCIAL DEL HUMORISMO

FROYLAN BOLAÑOS ROJAS,

In memoriam

De modo similar que el escritor y el artista, el bardo [entre los celtas:  músico y poeta], el aedo [aoidós: cantor], el trovador –nombres antiguos para el recitador o declamador popular-, el poeta, el manejador de profecías, el visionario y receptor de circunstancias, quien con su exquisito arte toma de la cruda realidad, con sumo cuidado, los quehaceres del ser, sus vicisitudes, sus pesares y alegrías, y los va trocando en tramos de belleza, en cuadros de realidad aderezada con distintos tonos de luz y de palabra, con colores insospechados, para informarnos desde la pradera del alma, para inducirnos a sentir en las vértebras un sentimiento que solo con las cuerdas del espíritu pueda interpretarse, para advertirnos, además, desde el corazón de la naturaleza, que el mundo pasa hoy por serios problemas de mantenimiento planetario, decir también que el humor, en ese sentido, el buenhumor, tiene su maravilloso y propio cometido social.

El término “humor”, creado por los latinos [humor-oris] puede entenderse como genio, jovialidad, agudeza. Psicológicamente, el humor vendría a ser “un estado afectivo que se mantiene por algún tiempo”: el humorismo es una manera de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, al final de lo cual el resultado obtenido es lo cómico, lo risueño o ridículo de las cosas, y puede, también, perfectamente, enseñar algo que no estaba a la vista, revelando una realidad escondida o simulada.

Fue Hipócrates, griego que nació en la isla de Cos en el 460 a.C., considerado fundador del paradigma médico, el propulsor de la Teoría de los cuatro humores: cuatro fluidos [sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema] que se hallan en el organismo humano y cuya mala mezcla o desequilibrio era causante de enfermedades; debían, para uno estar sano, encontrarse en proporciones iguales. Esos desequilibrios podían dar cuatro tipos de personalidades: sanguínea, flemática, colérica y melancólica. Pues bien, sin entrar en detalles, el humorismo se corresponde con el fluido sanguíneo y, desde este punto de vista, tiene un extenso abanico para manifestarse; de modo que hoy podemos distinguir varios tipos de humor: negro, blanco, inteligente, absurdo, hacker, gráfico, etc.

El humorismo puede representar un cuadro cualquiera de la realidad de múltiples formas. La forma por la que, personalmente, siento más propensión es la social, esa que en sus tuétanos lleva la crítica constructiva para informar a aquellos que en un sitio, lugar, comunidad, país o a nivel mundial, desean darse por enterados de algo de una manera, en este caso, jovial pero inteligente, con humor pero objetivo, con claridad y concretitud y, sobre todo, con sinceridad y profesionalismo.

Klatzmann define el humorismo, en “Humor judío”, como ‘Reír para no llorar’ y Nietzche decía, irónicamente, que el hombre, para no sufrir, había inventado la risa. Recordemos que Henri Bergson, quien escribiera “La risa”,  la considera como un gesto social por medio del cual la sociedad misma castiga toda rigidez (siempre sospechosa) del espíritu, del carácter e incluso del cuerpo. Siendo una catarsis, el humorismo se hace de la comicidad para fundar el entretenimiento comunicativo, de manera que “el humor se constituye en un acto de purificación que permitiría evacuar (la) violencia, nacida de la frustación y del sufrimiento.”

¿Qué sería de los pueblos si no tuviésemos el humor, la comicidad, la pantomima, la caricatura, las imitaciones (especialidad de Froylán con una veintena), los refranes, todos esos medios actuados o de palabra, que nos permiten manifestarnos y desenvainar nuestras energías reprimidas de cualquiera índole que sean?

De hecho, de no ser por esa inmensa válvula de escape que es el humorismo, los pueblos terminarían agrediéndose o inflingiendo a alguno de sus componentes sociales alguna perturbación o daño.

Desde la Antiguedad han sobresalido miles de comediantes [Aristófanes en la época clásica griega, Chaplin, el Gordo y el Flaco, Les Luthiers, Chespirito, etc.] unos mejores que otros, pero todos con esa función desinhibidora de hacer que las poblaciones se liberen, se aligeren y les asista la liviandad frente al peso de las responsabilidades cotidianas, sobre todo en aquellos lugares en donde los gobernantes no hayan logrado una labor a favor de sus conciudadanos y las condiciones de vivienda y de manutención de las familias se hayan hecho difíciles, tornándose en una forma sutil de terror. Sí, de terror, porque –como alguna vez decía un campesino nuestro-, también, existe el terrorismo económico: el hecho de que los precios de la canasta básica suban y trepen cada día más, sin ningún control gubernamental, es una forma de terror vernáculo. El humorismo salva a los pueblos con la balsa de la jocosidad, con sus “serruchapisos”, con sus espejos de burla, a través de figuras literarias como la sátira y la punzante ironía, el sarcasmo, la hipérbole o exageración, la antítesis, la paradoja, y los juegos de palabras, entre muchas otras.

Como dice Paul Reboux, la risa, la hilaridad, se desata cuando se trata simplemente “a la ligera las cosas graves, y gravemente las cosas ligeras”.

Para llevar a buen término un humorismo de altura, con fineza y argumentos, es necesario y fundamental, “chispa” –decimos los ticos-, sinónimo de inteligencia, mucho talento, acceso a la información y trabajo. Pues bien, esas características le sobraban al humorista costarricense Froylán Bolaños Rojas.

A Froylán lo conocí a mediados de los años ochentas, en un local frente al parque central de Grecia, a su costado oeste, donde su hermano Nelson tuviera un restaurant que, unos años después, un incendio redujera a cenizas. Allí, antes de tal suceso, “charlataneábamos” de lo lindo. Nelson siempre desplegando muy buen sentido del humor igual que su hermano, quien, en aquel momento, se desempeñara como lo que era, ingeniero civil, dedicado a la construcción de casas de habitación.

Yo había llegado algunos años antes al cantón alajuelense y había adquirido un local comercial en el propio Mercado Municipal. Desde allí llevamos a cabo grandes batallas municipales y del comercio. Mi relación con Nelson Bolaños desde el inicio siempre fue cordial y fructífera en amistad. Y frente a cualquier hecho de la vida, la tónica era tomarlo con calma, con serenidad.

Con el tiempo, regresé a San José y Froylán, también, empezó a hacer vida dentro de la farándula, hasta que en algún momento incursionó en el famoso y sonado programa “La Patada” del desaparecido –asesinado- Parmenio Medina, hombre valiente que había entendido, antes que nadie en este país, la necesidad de que el humor tuviera en sus contenidos esa crítica social que intentara dilucidar problemas, develar secretos y desenmascarar subterbugios de políticos y gente pública. Tanto fue así que su final fue trágico, muriendo con las ‘botas puestas’.

Tras tal escuela, Froylán reanudó labores junto a Norval Calvo y su trayectoria entonces por el mundo del humorismo llegó a consolidarse de forma contundente. Lo útimo, el programa radial: Pelando el ojo”.

Norval Calvo y Froylán en "Pelando el ojo"

Su éxito contó siempre con su genio artístico y su carisma a la par de una gran humildad. Como buen tico y griego –poseedores de una especial idiosincracia-, Froylán hizo algo que casi nadie se propone: abandonar la ingeniería, su carrera universitaria, y matricularse con lo que más quiso: el humor. Mandó todo “pa’l carajo” y se fijó la meta de la superación en ese campo, aunque sí laborara, paralelamente, para una empresa de consultorías de aduanas . Encontró esa deliciosa libertad de saborear lo que uno quiere hacer y, desde esa misma plataforma, ejercer su oficio social, su contribución a la comunidad. Como dice mi hijo mayor griego: “El genio de Froylán podía pasar del negro al rojo y del rojo al neutro en segundos.” Porque el humor griego se hace sutilmente, como quien no quiere la cosa, pero sí con legal y discreta alevosía y puntería de arquero.

El humor por el simple humor no vale la pena, así como el arte por el arte ya no tiene trascendencia. El humorismo es una escuela de la que no cualquiera se gradúa: sus diferentes aristas y tangencias no son geometría para el dominio de todos los mortales.

¡Froylán, haznos reir y meditar aún en estas las terrestres butacas!

LA FUNCION DEL POETA EN UN MUNDO QUE SE DESANGRA

He querido, humildemente, encima ya de lo que la mayoría de los occidentales celebran, la Navidad o Natividad –del latín nativitas [por Nacimiento del Niño, evidentemente porque Nativo es sinónimo de Nacido dentro de la mitología cristiana y de la doctrina del nativismo], en este solsticio de invierno meditar acerca de cuál es nuestra función como poetas, escritores, artistas o, simplemente, comunicadores, exactamente tres años antes de que se complete el tiempo de la anunciada profecía maya del 21 de diciembre del 2012. Cuál ha de ser nuestro trabajo en un planeta habitado por los que, en un momento dado del vuelo histórico, cuando adquirimos la madurez en el lenguaje, nos autollamamos seres vivos y que, en ese vehículo sideral, nos desplazamos peligrosamente por un derrotero en un mar ya de por sí azaroso, pero cuyas guías primordiales y directrices lógicas y humanas han sido tergiversadas adrede por las mentes que siguen impulsando los intereses de lo que alguna vez inauguramos como Revolución Industrial.

Aquel giro de dirección dado entre la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX, en el que, primero Inglaterra y luego el resto de Europa, padecieron el mayor conjunto de transformaciones económicas, tecnológicas, sociales y culturales de la historia de la Humanidad, desde el Neolítico, no tenían sospechas siquiera de que, a principios del S. XXI, tales “mejorías” se iban a convertir, con mucho, en asesinas. Que, recién, los representantes de los países y organizaciones no gubernamentales del mundo se reunirían en Copenhague, Dinamarca, intentando un acuerdo para disminuir su peligrosidad; pero, no desterrada la ambición desmedida ni el materialismo que la acompaña, nada se concretaría efectivamente, sobre todo por el no compromiso de los gobiernos de los dos países más “ricos” –desalmados, diría yo- de la Tierra, los Estados Unidos de Norteamérica y la China continental.

Ni el presidente chino, Hu Jintao, ni el del país del Norte, el prematuramente laureado Barack Obama, llevaron soluciones concisas a la gran reunión para salvar al planeta –y, por tanto, a los terrícolas- del cambio climático y del calentamiento global . Para millones de seres humanos en todo el globo, los resultados han sido nefastos y los visos de contar con un sitio limpio y sano, no contaminado, en donde se genere la bella vida sin reparos y sin obstáculos, se distanció de aquellas mentes que, como la nuestra, la deseamos a toda costa. Los intereses creados y los inmensos consorcios internacionales han preferido continuar, todavía, por el camino de la riqueza incontenible en manos de una minoría frente a la pobreza salubre y alimentaria de la abrumadora mayoría de sus habitantes.

No queríamos -no quisiéramos- seguir contemplando las chimeneas fabriles expeliendo sus gases y humos por los aires otrora azules, las energías sucias rebalsando los vasos de lo comedido, las minas a cielo abierto abriendo boquetes homicidas en la madre tierra, los penachos de hielo desmayándose sobre las mesetas inundadas, los mares sacando sus crestas erizadas de sus lechos continentales, los ríos revolcados por la fuerza de los basureros y el uranio empobrecido entremetiéndose entre los pliegues genéticos de la creación.

La razón para continuar frente a este espectáculo es la llana y diabólica insaciabilidad de poder; el poder como bastión primigenio de la dominación del hombre sobre otros hombres, sobre las mujeres, sobre otros seres, vegetales y minerales.

Y nosotros y nuestros vecinos comunes, plantas y animales, estaremos cada vez más enfermos y perdidos si quienes tienen la oportunidad de tomar las decisiones correctas en ese futuro cada vez más cercano, no lo hacen, sacrificándonos a todos por la negligencia de unos pocos.

Lo mismo ocurrió -si uno hace un poco de memoria histórica- durante las 8 Cruzadas, desde 1099 hasta 1291. La mayoría de las Cruzadas nunca cumplieron sus metas; desviaron sus objetivos originales e hicieron cualquier cantidad de atrocidades, reteniendo Tierra Santa solo durante algunos años, sin trascendencia. Siendo que era la guerra cristiana contra los pueblos “paganos” y “herejes”, tal los musulmanes solo por ritualizar otros dogmas, adonde llegaban aquellos ejércitos “religiosos”, en nombre de su dios de turno saqueaban y robaban no importando si el edificio fuese castillo o iglesia, convento o casa de habitación, si el pueblo fuese o no cristiano. Prevaleció el deseo por la tenencia material antes que el desarrollo espiritual. Muchos nunca llegaron a aquellas tierras sagradas que la cristiandad había eregido en la mente de las gentes: no les interesó; sus intereses se afianzaron en algún tesoro del sangriento camino.

La Iglesia, a través del Instituto “Inquisición”, “Santo Oficio”, que diera fin oficialmente en el año 1960 –cuando este servidor tenía 8 años-, también se dio la potestad de matar miles y miles de seres humanos acusados de herejía o de cualquier otra imposición que a alguien del clero se le ocurriera, ya por ser enemigo o porque no rimaba con los intereses de alguien de la clase alta o no comulgase con los formularios de la santidad. La eclesiam meam llegó a tener tal poder que, realmente, regía sobre leyes y reyes.

Sibu, el dios bribri de los aborígenes de Talamanca, en las altivas montañas costarricenses, debió haber estado así de bravo, chiva, cuando en 1908 la Chiriquí Land y su bananera entró macheteando su universo, talando la inconmesurable biodiversidad del Valle de la Estrella, destruyendo los miles y miles de años de su paraíso ciertamente terrenal, volándole sierra al bosque del conocimiento y de la vida. Dichosamente, el poder de sus sacerdotes, los useköLpa –dice su tradición, su libro y sus cantos- hicieron posible que, sistemáticamente, descendiesen del cielo certeras enfermedades  bananéreas, despertasen las altas inundaciones y decayeran en vigor las divinas tierras; y así, el ángel del mal fue echado del paraíso bribri destruido, en 1937, 27 años después de que Antonio Saldaña, su último jefe y dirigente, fuera horriblemente envenenado junto con su sobrino, virtual cacique sucesor cuando aquel muriera. Probablemente algún político de la época tuvo que ver con tan radical desatino porque nadie hizo nada por reparar el mal causado y nunca, siquiera, se puso en entredicho.

En Talamanca está Surayum, sitio en donde Sibu creó a los bribris.

Con embargo, todo ello nos da esperanza de que, aunque el mundo se debata entre aquellos que luchan por el bienestar de la especie y los otros, los que persiguen su inestabilidad, uno resguarda en lo más íntimo del ser la fidelidad de que la conciencia, en algún momento, abra las puertas que permitan que la claridad funde el sentido común en esas cabezas hasta ahora herméticamente estériles y cerradas a la prolongación de las generaciones. He aquí el protón de la profecía.

Cuando Rubén Darío escribió Azul, utilizó, entre otros recursos,  términos exóticos, orientalistas, para lograr atraer a sus lectores con las rarezas que se daban por aquellas latitudes. Rimbaud, a sus prodigiosos veinte años, avizoró la atmósfera de nuestro tiempo desde “Une saison en enfer” de 1873. Más ingenuamente, Vicente Huidobro creyó que el poema debía crecer como una rosa en la mano. Pero ninguno de ellos, ni desde el Modernismo ni desde el Romanticismo y su “yo” poético, ni desde el vanguardismo, pudieron sospechar estos males del mundo de hoy. El poeta desenvainaba su subjetividad, su yo lírico, y podía crear paisajes o escenarios bellísimos a partir de elementos individuales o de las circunstancias especiales que le rodeaban. Imaginar a un Lord Byron en estos días  leyendo en una salita llena de damicelas de alcurnia regodéanse con sus versos, es sencillamente imposible. García Lorca en “Poeta en New York” y César Vallejo en “Poemas Humanos”, sí vieron,  profetas hispanoamericanos, “pararrayos celestiales”, bastante de lo que ya se perfilaba en las aguas contaminadas del río Hudson de 1929-30, en plena recesión económica.

Federico García Lorca

Mi punto de vista es que el escritor de hoy, el artista, el poeta, el músico, debe trabajar desde una plataforma más pertinentemente sociológica, sin dejar por fuera, por supuesto, el tinte de su interioridad. El escritor no es necesariamente ni bohemio ni neurótico como solía afirmarse hace unos años; tampoco es asistido económicamente, como en siglos anteriores, por un mecenas que, por creer en su obra, la sostenía: no, el escritor es un trabajador de la palabra, un labrador de textos, de cualquier género que, en mútiples ocasiones, no cuenta con remuneración alguna y sus escritos, que requieren a veces de largas investigaciones, corren por su propio esfuerzo y factura.

En principio, el escritor escribe porque desea manifestar algo, y ese algo, para mí, en esta época particular, debe artísticamente sopesar, describir, cantar, advertir, aquello que está destruyendo el significado de lo bello, y entender por estética lo que vibra con lo netamente terrestre y vital. Ya no es posible enmarcarnos en una estética metafísica; no calza, es anacrónico: la estética hoy debe abastecerse de lo natural, situar a la naturaleza como meta artística, defendiéndola desde el arte, sin que quiera decirse que otros motivos artísticos sean abandonados; volver, más bien, a los valores humanos; que sin ellos este mundo no tendrá tampoco cabida para el arte y, sin arte, la vida ya no será sino menos vida.

César Vallejo, el gran poeta peruano, en 1929, en París.

Tanto los ciudadanos del mundo como los artistas y escritores, hemos de luchar denodadamente por un sitio de luz lleno de vida, de elementos benefactores donde ella vuelva a sentirse en plenitud, donde crezcamos humanamente, en donde el aire vuelva a ser aire y el agua el charco en donde resurjan las enzimas de la génesis y la falda volátil del pincel se vista de acuarela, donde la barca de los versos navegue hacia las olas, hacia los vientos, hacia la tierra.

LAPIDACION NOCTURNA [poema]

Al filo de las doce que iniciaba el día 21,

entrando por la puerta grande al solsticio de invierno,

las cuadrillas de obreros dicembrinos se fueron dando cita

trayendo consigo carretillos, cinceles, picos y palas,

instalando su mecánica maquinaria en los escarpados

acantilados de esta espalda ahora horizontal.

Desde los costados, subiendo por los hombros

y la columna del cuello, el sonido de los picapedreros

no se interrumpía con nada, ningún movimiento corporal

detenía el trepidante ejercicio laboral de los mineros

bombardeando con sus azadones la endeble postura de la piel de la Tierra,

las entrañas y la osamenta subcutánea ahora al descubierto.

Toda la madrugada trabajaron los instrumentos de demolición

bloqueando y mellando las aristas de los sueños.

Desde la cabeza cuasipensante bajaban las rocas rajadas

abalanzadas por las manos oscuras de la noche

cayendo estrepitosamente al pie de la celeste sábana,

horadados pétreos los cimientos cuyunturales

descendían rodando cuerpo abajo

encendiendo el ánimo dolorido del abismo insomne,

esa trama en donde la serenidad del ser queda atrapada

y se cae de bruces la continuidad del día siguiente.

Entonces, los bloques mentales del deseo,

las ganas supremas de la conciliación, claudicaron,

y al amanecer, con las estridentes alarmas de la vida,

este lecho era un montículo de piedra suelta junto al mar

y mi alma un manto de arena golpeada por las olas.

21/12/2009


LA PROFECIA DEL S.XXI Y SUS EMPRESARIOS DE LA MUERTE

Siempre diré, henchido, como muchísimos homo sapiens, naturales, humildes e intelectuales, con el pecho inflamado, a los cuatro vientos, que la vida es bella: que es necesarísimo mantener la flor de la esperanza en el ojal de nuestras blusas y camisas, como un pequeño estandarte de paz y convivencia. Sin embargo, estos precisos tiempos se nos antojan -cada vez con más frecuencia- escuelas de pesimismo. Atravesándolos te impregnan de susto y taquicardia y, para llegar a ciertos sitios, debés afilar el cuchillo del cuidado y batir el pañuelo de la tolerancia; por supuesto, sin dejarse arrastrar ni por el miedo ni dejar que el tesoro de la dignidad se te quiebre a tus pies. Las consecuencias de ello son el stress y ciertos males que nacen de los cambios hasta bioquímicos que se producen en nuestros cuerpos.

En definitiva, uno no puede abandonar el ingrediente vital del optimismo. Así, el mundo de hoy nos vive enfrentando y llevando entre el terapéutico optimismo y el callejero pesimismo. A pesar de todo, debemos salir de nuestras casas con donaire aunque las atmósferas ya creadas cotidianamente por los medios, sean de peligrosidad y desconsuelo. La antinomia resultante se asienta entre lo óptimo y lo pésimo. Lo óptimo será sacar a asolear nuestra voluntad untada de alegría, y tratar, al máximo, de evitar salir a los senderos en donde lo pésimo se esconde acechándonos detrás de los letreros de viajero.

Luz entre nubes (foto Afner Hdez)

Aún así, ese flagelo no nos mataría; proporcionalmente, no es viable. Tampoco va a desaparecer la vida -aunque pudiera estar muy cerca de hacerlo- por intermedio de la basura o por la contaminación de las aguas, aunque por sus composiciones ya suman miles de muertes anuales, sobretodo de infantes. Los acuíferos de los países desarrollados dan cuenta en sus contenidos de plaguicidas e insecticidas organoclorados y organofosforados y, peor, de herbicidas de las familia de las triazinas, entre otras, la fatal atrazina, recientemente localizada en Carcaixent, en Valencia, y en muchos estados de Norteamérica, sin que los ciudadanos posean información de sus consecuencias. El negocio es el agua embotellada que, “a pesar de sus altos niveles de contaminación bacteriana”, les produce, a los E.M.,  US $100.000 millones anuales.

Otro de los peligros acechantes cotidianamente es la pesca indiscriminada de tiburones para cercenarles sus aletas, siendo este animal acuático un elemento primordial para el ciclo vital; desapareciendo, pondría en serios problemas al hábitat marítimo y, por ende, la alimentación de los seres. El mayor destructor de esta vitalidad es China, superlativo consumidor mundial de aletas de tiburón, importando alrededor de cuatro mil toneladas cada año: el precio puede alcanzar 256 dólares por libra y 90 dólares por sopa de aleta de tiburón y, por supuesto, su destino es la gente de mayor status, la de las altas clases sociales.

Tiburones en la Isla del Coco

Y hoy que da inicio la Ronda en Copenhague sobre el cambio climático, oimos hablar de “Climategate”, porque ya existen algunas corrientes oscuras que afirman que no es consecuencia del acto de los seres humanos, que la emisión de gases de efecto invernadero es un factor causal de ese cambio climático. Y, como dice el secretario del IPCC, Panel Intergubernamental del Cambio Climático, Ed Miliband: “Y habrá personas que no quieren que el mundo tome esas grandes decisiones y están tratando de usar esto, en parte, para decir de alguna manera que todo esto está en duda y quizás deberíamos abandonar el asunto“.

Y, otra vez, debo traer a colasión al teólogo Leonardo Boff, cuando cita un cuento original del danés Kierkegaard, replanteado por Ratzinger cuando no era Papa y “hacía teología” –según Boff- y no, como hoy, que lo es, y hace “doctrinas oficiales”. Debo hacerlo porque el cuento es tan elocuente de lo que le está pasando al planeta que no debe dejarse pasar desapercibido:

“…en un circo ambulante, instalado a las afueras del pueblo, se declaró un grave incendio. El director llamó al payaso que estaba listo para entrar en escena y le dijo que fuese al pueblo a pedir socorro. Salió inmediatamente. Gritaba por la plaza central y por las calles, pidiendo al pueblo que fuesen a ayudar a apagar el incendio. Todos lo encontraban divertido, pues pensaban que era un truco de propaganda para atraer al público. Cuanto más gritaba, más reían todos. Entonces el payaso se puso a llorar y todos reían más todavía. Y el fuego se extendió por el campo, llegó al pueblo y tanto el pueblo como el circo se quemaron totalmente.

En artículos anteriores, he insistido –no queriendo ser pesimista, pero sí advirtiendo sobre lo que deviene- acerca de la necesidad no ya –como me decía una amiga- de hacer conciencia, sino de actuar, de ejercer labores que coadyuven a mejorar la calidad de vida y las condiciones de todos los seres sobre la Tierra. Muchas personas pudieran entrar en ese proceso de concientizarse con respecto del maltrato que los elementos de la vida han estado sufriendo por parte de los seres humanos, quienes –pareciera- deseamos más mantener la vigencia de las economías sanas que sana a la vida misma.

Pues bien, siendo que en este diciembre [del 7 al 18] se ha de celebrar en Copenhague, con la participación de 192 representantes de todo el mundo, la reunión que intentará dejar sentado que las emisiones de CO2 puedan ser llevadas para los próximos años a un 37% y no a un pusilánime 17% como reza la propuesta gringa; entonces, qué podemos esperar de los poderosos, cuando no existe una institución, como la ONU, que debiera de tomar una decisión planetaria positiva, puesto que –debemos saberlo todos- ya no son los gobiernos ni los países los que manejan el mundo y sus cuitas, sino las grandes transnacionales y los consorcios empresariales los que detentan el poder y, por tanto, la toma de decisiones, aun cuando de ellas dependa -sin importarles- la salud de la antiquísima entera humanidad.

Toda la construcción astronómica y trascendental que por millones de años ha motivado la discusión de los seres pensantes, puede, de un ambicioso botonazo, ser arrasada por el incendio del mundo: mientras todos reímos confiando en nuestras propias e individualistas agendas, el sapiente arlequín llora lo irreparable.

La sombra que nos va cubriendo cada vez con más vehemencia es la colcha particular del uranio en cualquiera de sus tres presentaciones diabólicas, irradiándonos como un sol negro que ha ido contaminando piedras, aguas, personas, plantas, animales, células y sémenes. Siendo que el centro contaminante del planeta se localiza actualmente en Irak y Afganistán, donde han sido derramadas violentamente toneladas de uranio en bombas y municiones, cómo es posible que el presidente Barack Obama haya decidido enviar 30.000 soldados más para no perder la guerra.

Uranio: hélice de la muerte.

El código de la Academia de la Fuerza Aérea no dice: “No mataré”, fundamental consigna objetiva para un soldado, según se desprende de una entrevista al teniente W. D. Casebeer. Pero, es tanto el descaro,  que sí habla de honor y de un Dios, a pesar de que lo que está en el filo de la navaja hoy es que la Etica Militar, igual que la Etica misma, han sido, por los actos belicosos, canceladas.

Es el dios de la muerte creado por los empresarios que la representan. La tenebrosa industria reside en algunas oficinas en donde la coyuntura osamental de un Norte lleno de montañas y lagos y gente ingenua y trabajadora, no sabe que su trabajo cotidiano y sus impuestos alimentan la blancura de esa calavera multitudinariamente horrorosa que postula políticos, gobernadores, presidentes y homicidas. El terrorismo agita las turbulentas barbas del aire que respiramos y los empresarios de la muerte han monumentalizado al Uranio-238 como el ente de la profecía que debilitará el organismo planetario hasta su deceso.

¡Has algo, Copenhague!

POESIA EROTICA en JUAN RAMON JIMENEZ [autor de “PLATERO Y YO”]

Me llamó la atención aquella noticia del 2007, cuando el investigador José A. Expósito anunció la publicación de Libros de Amor, libro inédito de Juan Ramón Jiménez –ni pintor ni abogado-, Premio Nóbel de literatura 1956, cuyos postreros archivos de Madrid y Puerto Rico –país donde murió en el 58- le fueron esculcados y revisados por interpósita mano para depararnos este muy altivo poemario de amores, 95 años después de que su autor lo contuviera, recóndito, en una de sus gavetas. El poeta de Moguer, nacido en Huelva un 23 de diciembre de 1881, cuyos primeros libros se publicaran en Madrid a sus 18, en 1900, “Ninfeas” y “Almas de violeta“, mismo año de la muerte de su padre -Víctor Jiménez- y de la debacle familiar, razones que lo condujeron a la depresión psicológica, obsesionado por la idea de la muerte.

El poeta de Libros de Amor a los 19 años, 1900.

Internado en un sanatorio en Burdeos [Castel d’Andorte], fue luego trasladado al del Rosario en Madrid, lugar que abandonará en 1902 y en donde florecerán varias de las experiencias que habrían de fundar los poemas que habitan aquel libro (1911-1912) que, llevado por Juan Ramón a prensa en 1913, a la editorial Renacimiento, fuera por él mismo retirado por respeto –y miedo de perderla- a la que iba a ser su esposa y a la que recién había conocido, Zenobia Camprubí, reconocida traductora del escritor indio Rabindranath Tagore.

Zenobia Camprubí

La producción poética y en prosa de Juan Ramón Jiménez es sumamente extensa [una treintena de obras, incluida “Platero y yo” de 1917], hasta Animal de Fondo de 1949, y Leyenda, que corrigiera siempre hasta 1956. Sin embargo, sus lectores y seguidores jamás se imaginarían que, conociendo el yo poético de su Obra, de pronto, en ese 2007, prácticamente medio siglo después de su muerte, apareciera Libros de Amor con un Juan Ramón “…nada platónico ni ensimismado, con un erotismo y una sexualidad muy explícitos, y con un atrevimiento y una osadía hasta ahora desconocidas” , explicó Expósito.

Zenobia y el poeta en su juventud

Muchas personas no han podido distinguir la diferencia entre pornografía y erotismo. Hay que recordar que, en un principio, entre los antiguos griegos pornografía significó, etimológicamente, “descripción de una prostituta” y, por ende, todas las actividades a las que tal personaje se dedicaba. A partir de la década de 1970, el término se fue ampliando a todos aquellos documentos, imágenes o materiales con contenidos sexuales que servirían para provocar los instintos del receptor, hombre o mujer, excitándolo; de alguna manera, esos contenidos, por lo general, destilan obscenidad, y algunos llegan hasta la violencia. Lo pornográfico llegó a tener relevancia, primero, a través de revistas como Playboy; luego, por medio de la telefonía (hot line) y, últimamente, con internet (on line).

Al contrario, el erotismo [término proveniente del “eros”] es el amor apasionado conjugado con el deseo sensual y, aunque se distingue un tanto del amor romántico –ágape- podemos considerarlos sinónimos. De modo que, habiendo literatura pornográfica, ésta se diferencia rotundamente de la erótica. La poesía erótica trata del amor aun en los casos en que ella exponga sexualidad, porque, definitivamente, de ella nunca se está exento, sino solo para aquellos que caen en la gruesa mojigatería, más bien, enfermiza e insana.

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Juan Ramón con su esposa, dos años antes de su muerte.

Con 25 poemas totalmente inéditos para la fecha, Libros de Amor contiene 93, logrados durante su retiro en Moguer a inicios de la década de 1910, a los treinta años de edad. Resulta que don Juan Ramón, en su juventud, a pesar de aquellas depresiones, fue un hombre muy enamoradizo; de ahí que El Nacional afirme que en Libros de Amor aparece “un poeta lujurioso y pasional (que) plasma las relaciones que tuvo con bastantes mujeres, unas muy desconocidas hasta ahora y otras más reconocidas en otros poemas.”

No solo sostuvo relaciones con mujeres solteras, también con casadas, como lo fue su amorío carnal con la esposa del doctor Lalanne, Jeanne-Marie Roussié: el médico le había llevado a su casa para curarle de la melancolía, donde, muy probablemente, Jeanne-Marie, diez años mayor que el deprimido, lo lograra en parte; igualmente, lo hizo con Louisa Grimm, descendiente de los famosos hermanos, de cuya mano fuese introducido en la poética inglesa; se relacionó, también, con algunas jóvenes de su localidad, tales Blanca Hernández Pinzón, Susana Almonte y Carmen Rasco. La otra francesa a la que le “escribió” fue a Francina: “Tu sexo negro, suave como un pulmón de pájaro”.

Y a pesar de lo que viene y que voy a compartirles aquí, no puedo estar de acuerdo con que el gran poeta Jiménez sea adjetivado de lujurioso, tal lo califica, también, Blanca Berasategui en El Mundo: sí pasional, y hasta blandiendo -como dice Expósito- “atrevimiento y osadía”; o tal se lee en el mismo texto de Blanca: sorprendente, erótico, sensual, humano, [ pero ] siempre lírico”. Eso sí.

Juan Ramón Jiménez en su juventud

Porque, quizás, en aquella rica juventud de los 19 años, él, como individuo, fue lujurioso, por su “uso ilícito o apetito desordenado de los deleites carnales”, se supone, porque, finalmente, solo él y ellas lo habrán sabido. Cualquiera puede estar desordenado de deleites carnales, aunque no nos queda muy claro cuál es la tabla de gradación ascendente o descendente que regula esa definición de lujuria y quiénes la han diseñado; pero, sí, según el canon religioso católico, hizo uso ilícito de su sexualidad porque en aquellos floridos años y mientras estuvo en el Sanatorio del Rosario, el poeta fue atrapado por la belleza de las novicias más jovencitas y de las que sabemos sus nombres: Pilar Ruberte, Filomena y Amalia Murillo. Después de todo, en Libros de Amor quedaron dulce y sexualmente atrapadas, derretidas entre los ardientes versos inmortales. ¿Acaso fueron aquellas monjas de la Orden de la Caridad de Santa Ana lujuriosas también o, realmente, estuvieron dispuestas y deseosas de amor como cualquier mortal?

Hermanas del Santo Rosario

El poeta nos cuenta el epílogo de esta historia:

“La hermana superiora con gran escándalo se enamoró de mí y venía constantemente a mis habitaciones (un dormitorio y una salita). Las hermanas jóvenes, que eran las que a mí me gustaban (y yo a ellas) nos burlábamos de la Madre cincuentona. Entonces, ella indignada expulsó a una hermana, Amalia, de 20 años como yo. Las otras eran la hermana Pilar, a quien yo le dediqué Arias tristes, la hermana Andrea y la hermana Filomena, a quien perseguía el doctor Roldán. Y después la madre me expulsó a mí, sin atreverse a aparecer en mi despedida a la que vinieron todas las […] menos ella y todas lloraban y yo también”.

Así le escribió a la hermana Pilar, en alejandrinos:

¡Hermana! Deshojábamos nuestros cuerpos ardientes
en una profusión sin fin y sin sentido…
era otoño y el sol -¿te acuerdas?- endulzaba
tristemente la estancia de un fulgor blanquecino…

Luego -los ojos grandes como carbones rojos-
te arreglabas la toca, el velo… y sin ruido
te ibas, como una sombra, a la capilla aquella
perdida entre opulentos rosales amarillos…

Venían días tristes en que te recogías…
mi amor se hacía más inmenso y más sombrío
y cuando tú surgías, más pálida que el agua,
encontrabas mi pecho como un pájaro el nido…

Tú creías que Dios te miraba… En las tardes
de huracán y tormenta temblorosa de frío
ibas, los ojos bajos, pegada a las paredes,
con el corazón asustado como un niño.

Por lo tanto, la poesía del gran Juan Ramón Jiménez en Libros de Amor, nunca podrá calificarse de lujuriosa y, mucho menos, de literatura pornográfica. Su poesía se postula aquí, con todo rigor, como literatura erótica. Y de la buena.

Evidentemente, algunas sores de la Orden en cuestión han querido que el libro se censure. Y, por supuesto, Libros de Amor causó y sigue causando revuelo puesto que se creyó que antes y después de su matrimonio, el delicado y detallista poeta había ejercido una “proverbial monogamia y amor eterno hacia Zenobia Camprubí”. Pero, bueno, deberíamos siempre perdonar nuestros pasados!

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Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.”  El inicio de la famosa obra que todos los estudiantes aprendían de memoria.

LAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS: ORO Y URANIO, MINERIAS A CIELO ABIERTO

Mina de oro (Asturias, España)

Toda radiación ionizante es nociva para el tejido normal, dado que daña las células. Una vez absorbida por el cuerpo no hay manera de “limpiarla”. Su poder destructivo se instala en la médula de los huesos, en los órganos reproductivos y en otras zonas vitales del organismo. Sus efectos no son inmediatos, y la exposición produce tumores que aparecen décadas después, cuando es irreversible.”   Dr. Gordon Edwards y Dra. Stella Swanson   en  Uranio: plaga letal sin remedio.

Oímos continuamente a nuestros titulares de salud, voceros del gobierno en cuanto a los males pandémicos que azotan a la Humanidad, advertirnos acerca de los gravísimos peligros que nos acechan desde las gripes aviar y porcina -y les cuento que ya llega al escenario la caballar, y después quién sabe si la del zorro, la del venado, la del caimán combinada con la del cocodrilo, la de la gallina de palo, la de la pulga del osocaballo y hasta la gripe de las amibas, etc., asfixiando el inventario de la zoología conocida- y de cómo debemos estar tan aseados, tan limpios, tan pulcros, que nadie puede dejar de andar, en su bolso o salveque, alcohol en gel para que, cada vez que toquemos un asiento de autobús, una baranda de escalera, dinero, un cuadro, una mano, una botella, un vaso, cualquier artículo de supermercado, el mínimo detalle manual o digital, corramos a esterilizarnos, a pasteurizarnos como la leche Dos Pinos, recurriendo a la profilaxis, al saneamiento del cuerpo y, por tanto, del espíritu, blanqueado por la bondad de esos alcoholes, aguas oxigenadas y jabones antibacteriales, para no morir -con otra enfermedad parásita a la par: hipertensión, diabetes, cualquietcétera- en uno de nuestros hospitales institucionales.

Todo lo contrario de cuando crecíamos: llenos de tierra, al aire libre, expuestos a todo; ahora hay grupos de interés que no desean que nuestros organismos produzcan anticuerpos; abogan por cuerpos inseguros, endebles y enfermizos; verbigracia, consumidores de medicamentos.

Pero, inconcebiblemente, las autoridades de salubridad y seguridad de los países no nos informan ni nos advierten de lo peor, de aquello que, si comparáramos su nivel de malignidad y daño, esta familia gripal, por ejemplo, se proyecta como un beso de la amada, tal un cariño materno, un abrazo fraternal. Porque los males que se abalanzan sobre el mundo, la minería de oro a cielo abierto y la minería uranífera no tienen parangón en cuanto a su nivel de desastre. Información acerca de su peligrosidad no llega a los pueblos puesto que las esferas econo-políticas así lo consideran, burlándose de los ciudadanos y exponiéndolos cada vez más a esos flagelos verdaderamente letales.

Proyecto minero "Las Crucitas", iniciando.

En Página Abierta del 17-11-09, Simmel Ortegarrieta, con  brevedad objetiva, nos explica acerca del tipo de minería áurea que se trata de implantar en Las Crucitas y que se ha practicado en América Latina. A pesar de que el ejecutivo nos habla de que es de “interés nacional”, escasamente el proyecto dará empleo a 300 personas durante diez años, tiempo suficiente para sembrar desierto y desolación, muerte y contaminación en una zona boscosa de unas 400 hectáreas, donde la fauna y la flora ya no volverían.

En Yanacocha, Perú, una de las minas más grandes del mundo, se dieron las mismas promesas y la investigadora Marisancho Menjón dice que “A los opositores les llaman ‘enemigos del desarrollo’, los reprimen con palizas, amenazas y encarcelamientos.”  Un segundo caso es el de Cajamarca, estudiado por investigadores de la Universidad de Zaragoza: “La mina destruyó la vida y el futuro de 26.000 hectáreas y quiere abarcar otras 25.000, pese a la oposición del pueblo, que ve violados sus derechos; entre ellos, el del acceso al agua.” Y otro más, publicado en la Jornada, en México, firmado por Luis Hernández, “El nuevo saqueo: minería a cielo abierto”, denunciando lo que pasa en Varias, en la mina de oro Peñasquito, de la cual la iglesia católica ha dicho que “…fomenta desigualdades, atropella y excluye a las personas”. También, Alicia Dujovne publicó los resultados que encontrara en la mina La Alumbrera en Argentina y, entre otros desórdenes, afirma que “Se contaminan 100 millones de litros de agua diarios con cianuro” y la gente del pueblo se queja de que “…las cabras sangran por la nariz, se ven zorros pelados, las bodegas ya no compran nuestras uvas.”

Resultado final de una mina a cielo abierto: LA MINA QUE CONTAMINA

En todos los casos, los pueblos y sus tierras salieron perdiendo; al final, quienes han usufructuado de las exorbitantes ganancias son las compañías extractoras. Hay que recordar que, incluso, en E.E.U.U., el Tratado de Fuerte Laramie, de 1868, que daba una serie de derechos a los sioux, respetarles sus tierras -incluidas las Montañas Negras-, les fueron usurpadas nuevamente cuando se descubrió que en ellas había oro. Sencillamente, el presidente de aquel país, Ulysses S. Grant, permitió que el ejército dejara entrar a los oreros. Y luego de romper todas las normas, las Montañas Negras les fueron quitadas en 1877.

Una vocera de los sioux, Charmaine Cara Blanca, ha dicho que “Llamamos al oro el metal que vuelve locos a los hombres”, y como si eso fuera poco, hoy, Jahr Jamail afirma: “Les han quitado la mayoría de las tierras que eran de los sioux y lo que queda ha sido arrasado por la contaminación radiactiva.” [Global Research/Truthout]

Tierras Sioux

En estas zonas no crece nada, no puede crecer nada. Son demasiado radiactivas”, dijo Cara Blanca del campo de prisioneros 344, la Reserva India de Pine Ridge.  Y “Ward Churchill y Winona La Duke afirman que el presidente estadounidense Richard Nixon había declarado el territorio del Tratado de 1868 “Zona Nacional de Sacrificio”, lo que implicaba que el territorio, y su gente, eran sacrificados al uranio y a la radiación nuclear.” Las tribus navajo y los hopi en Nuevo México han sido expuestas, también, a material radiactivo. En todas esas zonas se encuentran miles de pozos y minas radiactivas abandonados sin tapar y sin demarcaciones.

Huellas de la guerra con uranio empobrecido

Sin palabras.

Imaginen cuando se despierte aquí lo que suelen llamar el “enjambre” del oro, -como una fiebre- y seamos abarrotados de compañías extranjeras sedientas de riqueza: ¿cómo van a dejar estas tierras? Porque vendrían a eso y nadamás. Las consecuencias ambientales o salubres jamás les importarán. Y no sabemos si solo vienen por el oro o si, además, esperan encontrar otros metales tal el perverso uranio, del cual el uranio empobrecido (DU) -en gas o polvo- es temible. El residuo del proceso de enriquecimiento, consistente sobre todo en U-238, es lo que se denomina uranio empobrecido.

Leuren Moret, presidenta de Científicos para los Pueblos Indígenas y de la Comisión Ambiental de la ciudad de Berkeley informó: “En mi investigación sobre el uranio empobrecido durante los últimos 5 años, la información que más perturba se refiere al impacto en los niños no-nacidos y en las generaciones futuras de los soldados de ambos lados que prestan servicio en las guerras de uranio empobrecido, y para los civiles que deben vivir permanentemente en las regiones contaminadas con radiactividad.” Y es que el uranio únicamente sirve para la fabricación de armamento, municiones y bombas nucleares.

Por sus efectos en las madres, muchos niños nacen sin ojos (anophtalmos), sin brazos, sin cerebro o encéfalo y algunos nacen como verdaderos pedazos de carne, o con los órganos fuera de sus cuerpos, “anomalías congénitas en la espina dorsal, anomalías congénitas renales, septicemia, meningitis, thalassemia, así como una cantidad significativa de casos no diagnosticados a diferentes edades.”

Canadá es el mayor productor y exportador del planeta, seguida de Australia y E.E.U.U., del más peligroso de los metales conocido porque donde hay exposición de uranio, los diferentes tipos de cáncer se disparan de una forma insospechada y a edades muy tempranas y las malformaciones congénitas en niños son sencillamente horrorosas, indecibles. Los personeros de gobiernos que permiten estos escenarios son desalmados e inhumanos. Me atrevo a asegurar que por ahí le empieza la cola al Demonio, al verdadero, ese que muchos buscan fuera de nuestra Tierra.

Las gripes, el narcotráfico, la contaminación, la basura y aun la minería del oro son apenas bebés a la par del monstruo antivital que es el uranio y sus manifestaciones; las consecuencias dramáticas de su radiación llevarán a la Humanidad entera a su fin. No es necesario hoy enarbolar el estandarte de profeta, pero sí, esa es la profecía de no hacer nada las organizaciones mundiales por detener este problema; esa será, sin duda, la profecía del S.XXI.

Soldados de la coalición en Irak

Los soldados estadounidenses fueron a la guerra del Golfo, a Afganistán, a Irak, y volvieron enfermos, con el síndrome del “semen ardiente”; sus esposas quedan embarazadas y, por lo general, tienen que practicar el aborto. 240.000 veteranos de guerra están inhabilitados médicamente y de ellos han muerto 11.000.

Los indios sioux pudieron advertir a sus jóvenes de que se resistieran de visitar sus tierras sagradas para evitar la radiación y poder procrear y multiplicarse, puesto que está disminuyendo su población; pero, en el caso de las poblaciones de Afganistán e Irak, países bombardeados con toneladas de uranio, tal y como lo manifiesta Ernesto Carmona [La guerra del uranio: la guerra ignorada], ese polvo metálico es llevado por los vientos, por las tormentas de arena, por el suelo, el agua y los seres vivos, de modo que hoy las poblaciones de Irán, Paquistán, Turquía, Turkmenistán, Uzbekistán, Azerbaiján, Kazakhstán, China, India, Rusia, Georgia, Arabia Saudita, Siria, Líbano, Palestina e Israel, están condenadas a respirar partículas de uranio. Esas partículas duran millones de años en transformarse para dejar de ser nefastas. Todo queda contaminado, el aire y el agua, los seres vivos, la flora y las piedras, los granos, la vida, nosotros: el futuro atemporal, inservible.

!Salvemos a la Tierra;  ayudémosla a sobrevivir!

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NOTA: Son tan fuertes las fotografías de las malformaciones en niños producidas por la radiación de residuos de uranio, que dejo el link de un documento a propósito, por si alguien desea observarlas.

http://cires.org.ve/pdf/salud-n3a06.pdf

Mina la Alumbrera, Argentina